Por Daniel Simorelli

En el año 2006 se estableció el 18 de febrero como el Día Internacional del Síndrome de Asperger, fecha que coincide con el nacimiento del descubridor de este trastorno, el psiquiatra vienés Hans Asperger, quien en 1943 realizara las primeras descripciones sobre este diagnóstico.
Con esta celebración se pretende sensibilizar a la sociedad de este tipo de autismo, de origen neurológico, que provoca un trastorno severo del desarrollo humano. El síndrome de Asperger está incluido dentro de los Trastornos del Espectro Autista (TEA); lo podemos definir como un conjunto de alteraciones en la interacción social, la comunicación y los intereses, y supone una discapacidad para entender la sociedad, que provoca conductas poco adaptativas y problemas para desenvolverse.
Luego del diagnóstico de nuestro Hijo (David); comenzamos como familia un proyecto sobre la edición de mate-riales escritos relacionados con esta temática. Así nació el libro “Experiencias en modo autista” (Abril 2016), sien-do su principal objetivo concientizar sobre el tema y brindarle a la familia y a su entorno inmediato la posibilidad de comprenderlos y de alguna manera “Ponerse en sus zapatos”. Considero que ponerse en “el lugar del otro” es un principio fundamental a la hora de brindar ayuda a un semejante; el hecho de “ponernos en sus zapatos” garantiza el éxito del proceso de ayuda.
Dar a conocer el síndrome de Asperger y el resto de trastornos del neurodesarrollo, concretamente los del espectro autista, sus características y peculiaridades, es importantísimo para normalizar el día a día de quienes tienen este trastorno.
Por tratarse de un espectro, las características por las que se puede identificar a un niño/a con TEA son muy variadas.
 El autismo existe en un continuo que va de moderado a severo.
 El autismo es un trastorno neurológico, no es de origen psicológico o social.
 Ninguna persona con autismo tiene signos similares a otra persona con autismo.
 Se da más en varones que en mujeres (relación 4 a 1).
 Se calcula, en la actualidad, que 68 cada 80 niños tiene algún grado de autismo.
El autismo es un trastorno del desarrollo infantil que se manifiesta en el transcurso de los primeros tres (3) años de vida, y que se caracteriza por una serie de alteraciones específicas en las competencias vinculadas a la comunicación, sociabilización y a la conducta. Para llegar a un diagnóstico de autismo es necesaria la participación de un equipo multidisciplinario (mínimamente contar con los siguientes profesionales: Neurólogo, Psicólogo,
Psiquiatra, Psicopedagoga, Pediatra de cabecera, Terapistas, etc.).
Así como todas las personas neurotípicas son distintas, de la misma manera dentro del universo de la gente que tiene Trastorno del Espectro hay diversidad. Cada persona con autismo es única y tiene capacidades singulares que la hace distinta y especial. Habrá algunos que alcancen habilidades sociales, educativas y otros que tal vez, parezcan menos funcionales. Pero todos en su conjunto forman parte de la misma sociedad, la diversidad nos enriquece. Por utópica que parezca la idea, es de suma urgencia contar con una sociedad inclusiva en su totali-dad. Que les permita a estos niños crecer en equidad de condiciones respecto de los demás chicos.
Necesitamos que la sociedad cambie el paradigma y acepte a quienes son diferentes (al respecto acabamos de editar nuestro segundo libro “Di Capacidad – Hacia un nuevo paradigma cristiano de equidad”). Necesitamos una sociedad más inclusiva que intente interactuar con ellos y los incluya en las instituciones, en las escuelas, en los clubes, en las iglesias, en los peloteros, en las plazas. Cuando hablo de inclusión, no me refiero a actividades “especiales” para los niños con autismo; sino todo lo contrario, incluir a los niños con autismo en las actividades normales y habituales, pero atendiendo a sus necesidades específicas.

“Es importante asumir el protagonismo que nos toca, en lugar de quedar prisioneros de las circunstancias que nos pasan (aunque éstas incluyan a un hijo con discapacidad)”.