Desde que era chiquita, Ailén Di Dío soñaba con recorrer el mundo para dar su granito de arena a los pobres de cada rincón. Hoy lo está haciendo realidad.

Ver jóvenes con ideales es lo que hace creer que no todo está perdido. Y cuando esos ideales están enmarcados en la ayuda al prójimo sin esperar nada a cambio, se reafirma más ese pensamiento de que todavía vale la pena apostar por las nuevas generaciones.
El caso de Ailén Di Dío, una joven browniana que decidió convertir su dinero y su tiempo de vacaciones en servicio, es muestra de ello.
“Gracias a Dios, pude recorrer todo mi país en 2018, muchas veces haciendo viajes solidarios como éste. Y 2019 trajo consigo la posibilidad de tomarme tres meses de licencia sin goce de sueldo para invertir todos mis ahorros en dos viajes de voluntariado haciendo proyectos sociales en barrios carenciados de Brasil y de África”, inicia su alocución. Y continúa contando que “la aventura comenzó el 3 de enero, después de los festejos de Navidad, mi cumpleaños y año nuevo. Ya tenía la cuota de amor y sostén de la familia para emprender el primer viaje. Hoy hace 10 días que estoy en Salvador de Bahía Brasil. Vine con AIESEC, una organización internacional de jóvenes que tienen como objetivo desarrollar liderazgos para cumplir los objetivos del desarrollo sustentable de la ONU. El proyecto que yo elegí es el del objetivo de reducción de las desigualdades. Trabajo todos los días de 8:00 a 12:00 horas en un barrio que se llama Libertade, el barrio con más población negra fuera de África. Pero no estoy sola, tengo una compañera salteña muy divertida, ella es Anto y tiene casi 21 años. Ella no habla nada de portugués así que yo traduzco sus brillantes ideas. ¡Sí, estoy hablando portugués cómo una bahiana! (risas)”.
La experiencia es rica por dónde se la mire, y Ailén lo resume de esta manera: “Vivo en una casa de familia con una señora muy amorosa que cree que su propósito de vida es acoger a jóvenes para que logren ser profesionales de impacto en el mundo. Ella es una bendición, te da hasta lo que no tiene. Vivo con ella, con Pedro (estudiante de un barrio muy pobre de Salvador que ella trajo a su casa hace tres años para que estudie. Es como su hijo; y también está To (el gato, jajaja)”.
Es inevitable pensar en cómo se da que una joven vaya de aventurera a un lugar desconocido, sin tener algún tipo de contención. Ailén explica que “la organización me asigno un ‘amigo’ que vive en el barrio donde trabajo. Él tiene 24 años y es estudiante de ingeniería civil, uno de los muy poquitos negros que llega a la universidad. Si bien la universidad es pública, los negros quedan afuera generalmente porque su educación no es tan buena. En Libertade es increíble ver la desigualdad que hay en Brasil. Para que se den una idea, desde la época de la esclavitud tienen dos niveles físicos interconectados por el ‘Plano emplanado’. En la parte baja, cerca del puerto vivían y viven los ricos comerciantes, en la parte de arriba está Libertade, donde vivían los negros esclavos y ahora los obreros. La Capoeira habla mucho de éstas cuestiones”.
La vida de Ailén transcurre, hasta principios de febrero, entre niños brasileños a los que les da charlas que los lleven a la valoración de sí mismos y también se suma a tareas que van desde ayudar en la higiene hasta hacer limpieza.
Para quienes deseen conocer más acerca de este proyecto y apoyar el voluntariado de Ailén, pueden buscarla en Facebook: www.facebook.com/ailennoeli.didio y en Instagram: @ailendidio