Por Daniel Di Paolo
Hace una semana el Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Desarrollo Social, celebró un acuerdo con la Red de Acompañamiento a la Mujer, para la articulación de una línea telefónica 0800 de apoyo a las mujeres con embarazos en crisis, formada por cientos de voluntarios en todo el país. Mujeres pertenecientes a iglesias evangélicas fueron las impulsoras de esta iniciativa que, contó con el lógico apoyo del gobierno, en tanto llegaba con ayuda concreta a las mujeres en situación de vulnerabilidad.
Después de tanto escuchar sobre la necesidad de tener empatía con la mujer que sufre y la necesidad de socorrerla en su situación de embarazo no deseado, por fin un proyecto aportaba ayudas concretas y no sólo indicaciones sobre el uso del misoprostol o cómo forzar los límites del aborto no punible.
Hoy nos enteramos que la ministra Carolina Stanley pretendía hacerles firmar a las ONGs que participan del proyecto un compromiso para obligarlas a proponerles el aborto a las mujeres que llamaban a un 0800 para ser auxiliadas a preservar la vida de sus hijos ante las dificultades que se le presentaban.
Ante la obvia negativa de las instituciones, dio de baja el convenio.
Cuando un gobierno destina millonarios fondos para promover la eliminación de personas por nacer, financiando a todo tipo de agrupaciones y lobbys abortistas, como Fundación Huésped y ONGs feministas y cede ante sus presiones retirándole el apoyo, aunque fueran migajas, a quienes quieren ayudar a las mujeres vulnerables en situación de embarazo no intencional, es porque ha perdido totalmente el rumbo y no tiene autoridad moral para ejercer su rol.
Más que funcionarios, son tristes marionetas de intereses extranjeros, sectarios e ilegales, ya que vale recordar que hace pocos meses, en un proceso totalmente democrático, Argentina resolvió no aprobar la legalidad del aborto, que sigue siendo un delito.
Lamentable papel de nuestros gobernantes que no tienen ni el valor ni los principios para sostener una decisión justa, ni siquiera una semana.