Por Daniel Di Paolo
El Senado de la Nación Argentina, a través de su cuenta oficial de Twitter, ha publicado una declaración que a los ciudadanos argentinos de bien nos resulta inadmisible: «Hay pedófilos que tienen conciencia moral», dice. La noticia se nos comunica con el aval de un profesional de la psiquiatría que manifiesta que los abusadores no se recuperan, lo cual estaría abonando la conveniencia de una reclusión permanente, pero que a la vez se puede ser pedófilo pero tener conciencia moral mientras no se consuma el deseo.
¿Cuáles son las razones para que una de las instituciones fundamentales de la República, una de las cámaras que integra el Poder Legislativo de la Nación, exprese semejante afirmación sin ningún tipo de razón aparente o fundamento?
Los que están familiarizados con los pasos de la ventana de Overton sabrán distinguir perfectamente la estrategia, lo cual nos resulta aún más peligroso e indignante. Si no conocen de qué se trata, y para no extender más esta nota, los invito a buscar información al respecto.
Las manifestaciones del profesional al que se alude, quien seguramente las habrá expresado en determinado contexto, y que probablemente fuera de él adquieren otro tenor, son su opinión personal y su exclusiva responsabilidad, pero no corresponde de ninguna manera que el Senado de la Nación lo comunique de esta forma como información oficial. Ello resulta ofensivo tanto para los niños abusados y sus familias como para todas las personas que realmente tenemos conciencia moral y que nos resulta muy evidente que la pedofilia es, en todos los casos, perversa e inmoral.
No vamos a dejar de denunciar y oponernos a quienes pretendan que como sociedad aceptemos que los deseos no son ni buenos ni malos, y que sólo las acciones son reprochables moralmente.
Tenemos claro, obviamente, que el delito de abuso solo se tipifica cuando se ejecuta la conducta antijurídica, pero eso no significa que la pedofilia no sea reprochable del punto de vista moral, porque de esta manera solo se pone el eje en que lo es sólo cuando se daña a un tercero.
La reflexión así expresada (no digo que sea la intención del profesional) deja abiertos peligrosos resquicios a las conocidas pretensiones de las organizaciones internacionales de pedófilos que pugnan por eliminar de las legislaciones el límite de la edad legal del consentimiento sexual. En este intento se comienza por naturalizar la atracción hacia los niños, para luego sexualizar a edad temprana a los menores (por eso deben los padres estar siempre atentos a los contenidos que reciben en la ESI en los colegios, o los materiales a los que tienen acceso por terceros) y así generar mayor permeabilidad a la posibilidad de que niñas y niños puedan ejercer el «derecho a gozar de su sexualidad» no solo entre ellos sino asimismo permitiéndose las relaciones sexuales con adultos como un expresión de amor o simplemente de placer sexual aceptable. «El amor nunca puede ser malo», será el discurso, confundiendo amor con sexo.
El delito (daño a terceros) no se podría relacionar con un elemento objetivo como la edad de los niños sino que sería de índole subjetiva, produciéndose únicamente en los casos en que pudiera probarse que la relación fue realizada con violencia física, puesto que en los demás casos se consideraría que hubo consentimiento, ya que con ‘goce mutuo’ y sin lesiones, no habría daño.
No vamos a ser cómplices de la estrategia de trasmitir que la pedofilia debe ser comprendida y aceptada como parte de la diversidad sexual humana ni permitir que los niños puedan quedar a merced de adultos con estas intenciones. El signo + luego de las siglas LGBTQ, que muchas organizaciones de este tipo agregan nos genera inquietud y la necesidad de estar alertas a cualquier intento en este sentido, aunque nos llamen alarmistas.
No vamos a consentir que la atracción sexual hacia bebés de meses, o hacia niñas y niños de cuatro, ocho o doce años, o adolescentes, es aceptable. No vamos a tolerar que se intente instalar que los pedófilos son gente buena pero que tienen la inevitable particularidad de que se excitan y fantasean con tener relaciones sexuales con nuestros hijos o nuestros nietos, o con los propios, o con sus alumnos del colegio si son maestros, o con sus pacientes si son pediatras, o con sus feligreses si son ministros religiosos.
No importa quién sea. Las últimas noticias sobre el crecimiento del abuso infantil o los descubrimientos de redes de pornografía con chicos ponen en evidencia el riesgo al que están sometidos los niños frente a adultos que no garantizan que su derecho a la integridad sexual sea preservado.
Cuando el texto dice que ser pedófilo sin consumar el deseo no es inmoral, cabe preguntarse: ¿Quienes constituyen el mercado para el cual se produce, se comparte y se trafica pornografía infantil sino los pedófilos? Quienes sino los pedófilos que tal vez aún no han llevado a cabo sus deseos, pululan en las redes sociales intentando seducir y engañar a niños a través del grooming y otros abusos virtuales?
Reafirmamos que la pedofilia no es una atracción sexual aceptable ni puede considerársela moral de ninguna manera, ya que para que haya abuso, primero hubo deseo. Por lo cual el abuso es consecuencia de un deseo perverso que debe ser condenado como inmoral, en toda circunstancia.
Tenemos el derecho y el deber de exigir que el Senado Argentino pida disculpas públicamente y elimine estos contenidos de su sitio oficial.