Diálogo imaginario entre el doctor Leandro Rodríguez Lastra y el bebé que salvó, que ya tendrá 18 años.

Joven: Yo siempre supe que fui adoptado. Mis padres no me lo ocultaron. Pero sólo hace unos meses me enteré de toda la historia, me enteré de usted. Supe que antes de nacer decidieron que yo debía morir, que le ordenaron ejecutar esa sentencia. Usted tuvo el poder en su mano para acabar con mi vida y nadie le iba a acusar de nada. ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué eligió el camino más difícil para usted? ¿Por qué me dejó vivir?

Leandro: Porque sabía que si te mataba, 18 años después seguiría viviendo con la culpa, el dolor y la cobardía de haber ejecutado a un inocente sin causa.
El gobierno me aplaudiría, los políticos me palmearían la espalda, pero mi conciencia me acusaría noche y día.
Sin embargo, si te dejaba vivir, 18 años después tendría la oportunidad que llegue este día, donde podría ver a un hombre, todo un hombre, lleno de fuerza, esperanza, lleno de sueños. Más adelante formando una familia, siendo feliz junto a una mujer, teniendo hijos.
No sólo lo hice por vos, también lo hice por todas las personas que a lo largo de tu vida recibirán algo de vos o vos recibirás algo de ellos: tu familia adoptiva, maestros, amigos, novias, esposa, hijos, compañeros de estudio, compañeros de trabajo, nietos, y tantos…tantos.
Si te mataba a vos, mataba amistades, relaciones, sueños, mataba generaciones.

Joven: Sólo una pregunta más. Si retrocediera el tiempo, ¿lo haría de nuevo? ¿Lo haría por mí?

Leandro: ¡Sí! Sin duda alguna. Te veo a los ojos hoy, veo a ese hombre, veo lo que llegarás a ser y no me arrepiento. Todo el precio que pagué ha valido la pena.

Por Katerine Gómez Alcayaga (JUCUM)