Por Damián Sileo

 

Y no me refiero a la camiseta, a los colores, a la pasión… ni siquiera a los hinchas, a los verdaderos, claro está. Esos que quieren ver fútbol, no los que quieren adueñarse de él como botín de guerra para satisfacer oscuros intereses.
El fútbol tiene varios actores. Desde los futbolistas hasta los más encumbrados dirigentes, pasando por los hinchas, los barrabravas, los dirigentes locales, los periodistas y los distintos sectores que hacen al andar futbolero. Y el cúmulo de inconductas de todos estos actores es lo que está destruyendo lo más lindo que tiene el fútbol, que es el fútbol mismo. Ese hermoso deporte calificado por el gran periodista de la década de los ’50, Dante Panzeri, como la “dinámica de lo impensado”. Panzeri, periodista como ya no los hay. De esos que te obligaban a leer y que cuando lo hacías, te imaginabas la pelota rodando por el verde césped en tiempos de televisión en blanco y negro. No como ahora, donde solo existe una puja salvaje por ver quién mide un punto más de rating. Si por eso hay que sacrificar a un colega, lo vale. O si hay que denigrar a un extranjero en pantalla, o decir muy suelto de cuerpo que le “sopló” la mujer a un compañero. O hacerse el compungido por la inmoralidad de un dirigente, pero cuando lo tiene enfrente, en vez de hacerle preguntas con rigor periodístico, solo buscan demostrarle al televidente que están como “chanchos” con el entrevistado. ¿A quién le importa? ¿Qué quieren mostrar? ¿El poder y la influencia que tienen?
Y ya que nos detuvimos en los dirigentes, ahí tenemos a otro factor que contribuye a la destrucción de este deporte. Tipos que -todo el mundo sabe-, alimentaron y alimentan a esos monstruos que hoy llaman barras bravas, pero no son más que delincuentes funcionales a determinados sectores que conducen el fútbol y la política (porque esto trasciende el fútbol, ¿sabían? Después de todos, muchos dirigentes del fútbol argentino tuvieron o tienen funciones públicas o están involucrados con quienes lo están). Entonces, escuchar al presidente de un club decir que no conoce a ningún barra brava, es un insulto a la inteligencia del hincha común, ese que paga su mensualidad en el club de sus amores, pero se tiene que bancar la mojada de oreja de su presidente, que dice desconocer a ese sector violento que está destruyendo y saqueando el club que ese hincha, con su cuota, ayuda a sostener. Injusto, ¿no?
Los barra bravas. ¡Qué término tan estúpido para definir a un grupo de delincuentes! ¿De qué barra hablan? ¿De qué bravura? ¿De esa que se demuestra cuando están en manada? Porque si están solitos seguro que son mansitos.
Por último, los jugadores y técnicos, más preocupados por salir en los programas de chimentos que en los deportivos. Calentando innecesariamente el ambiente previo a cada partido como si se tratara de un talk show en vez de una justa deportiva. Pendientes de su último tatuaje en vez de entregar un buen espectáculo en la cancha.
Este último bochorno de Boca – River desnudó todas las miserias juntas, de jugadores, técnicos, dirigentes, periodistas y, por supuesto, hinchas.
Y a veces, el común de la gente, la gente de bien, también cae en esa trampa. Y las redes sociales, como siempre, convirtiéndose en un campo de batalla para que descargue sus frustraciones atacando o defendiendo a multimillonarios a quienes les importan un bledo si esa persona se quedó sin laburo o si fue víctima de la inseguridad. Mientras tanto, hacemos arder las redes sociales con fotos trucadas, con revisiones de archivos, con mentiras y con dichos malintencionados de una y otra parte. Se alaba a técnicos que durante toda su carrera deportiva buscaron sacar ventajas con actitudes antideportivas, pero hoy, vestidos de traje y corbata, pretenden demostrar un grado de civilización que no tienen; solo están disfrazados de personas adultas. Se publican cosas solo con el fin de ensuciar al otro, sin importar si eso que se publica es mentira. Todo argumento vale para hundir al “enemigo”. “Ayer abandonaste”, pero hoy sirve el argumento de “quisiste jugar” para alimentar esta barbarie. Hoy los dirigentes se abrazan y salen en la foto con los colegas de enfrente y a las pocas horas envían una nota para ganar un trofeo en el escritorio. Sí, el mismo escritorio usado por esos de enfrente que tanto criticaron. O sea, son todos lo mismo, ¿no se dan cuenta?
Entonces, esos memes que terminan con la frase “qué distintos somos”, es un chiste. Son lo mismo. La misma mugre, solo que con diferentes colores.
Boca y River están destruyendo el deporte más hermoso del universo. Y si nosotros nos hacemos eco en las redes sociales o en el diario andar, seremos parte de esa conspiración.
Damián Sileo