Por Gustavo Romero

La iglesia es parte de la sociedad, por lo tanto, sus integrantes suelen llevar a ese ámbito algunas costumbres con las que luchan día a día. El bullying no es algo ajeno y aunque con otras características, también se da en los grupos religiosos.
El counselor Gustavo Romero le da un vistazo a este incómodo tema y nos deja el interrogante: ¿estamos preparados para reconocer y afrontar esta problemática en el ámbito de la iglesia?

– Gustavo ¡basta! ¿No crees que ya pateaste el hormiguero lo suficiente?
– No te entiendo ¿por qué lo decís?
– ¿Bullying en la iglesia? Eso es para los colegios.
– ¿Sabés qué? El bullying puede producirse – y de hecho se produce- tanto fuera de la iglesia como dentro de ella. Somos seres sociales que formamos un contexto social y como toda microsociedad, traemos arrastramos los vicios, sus costumbres.
– Sí, Gustavo, pero no debería… Dios nos cambió, nos hizo libres…

El bullying puede producirse, – y de hecho se produce- tanto fuera de la iglesia como dentro de ella. Recordemos brevemente las características principales del bullying:
Es necesario un acosador:
– Este necesita tener el dominio sobre otro para sentirse poderoso y de esa forma ser reconocido.
– Carece de habilidades sociales y no demuestra ningún tipo de empatía. Suele ser víctima de violencia dentro de su hogar.
– No tiene capacidad de autocrítica manipulando a su antojo la realidad.
Es necesario un acosado:
– Suele ser alguien sumiso.
– De baja autoestima y no poseer una personalidad segura.
– Presenta incapacidad absoluta para defenderse por sí mismo.
– Se trata de una persona muy apegada a su familia y sin autonomía.
– Suele presentar algún tipo de diferencia con el resto de sus compañeros de clase en lo que se refiere a raza, religión, físico, que es aprovechada y remarcada por el victimario.

Otra característica del bullying es que el acoso es continuado. Asociamos el bullying con las escuelas o los clubes pero el momento de reunión de los niños, aunque cambia de nombre, sigue siendo una micro sociedad donde los niños son como son en otros lugares. Si nos adentramos al ámbito de las escuelas bíblicas (o llamadas escuelas dominicales), posiblemente encontraremos estas características.
El desafío no es, entonces, discutir sobre si hay o no bullying entre los niños de nuestra iglesia, sino reconocer que lo hay y hacernos los siguientes planteos: ¿Están nuestras maestras de escuela bíblica preparadas para reconocer los casos de bullying? ¿Están preparadas para mediar en los conflictos con las herramientas adecuadas? Más allá de las herramientas humanísticas, ¿tienen las herramientas espirituales? ¿Y nuestros líderes de jóvenes? ¿Podemos reconocer entre nuestros jóvenes tanto a la víctima como al verdugo?
Otro factor determinante en el bullying son los testigos. Si estos no toman partido hacia la víctima, necesariamente apoyarán al agresor (y esto es lo que él busca y lo alimenta).
¿Todavía no estás convencido del bullying en la iglesia? Hablá con el hijo o la hija del pastor a ver si alguna vez no lo trataron mal por esa causa. Fijate en ese nene hijo de inmigrante si no fue maltratado por su color de piel. Preguntale al de labio leporino si no se le burlaron cuando contestó sobre Adán y Eva.
La enseñanza en la iglesia no debería quedar en bíblico espiritual. Somos agentes de prevención social. Allí debemos aprender a respetar a nuestros semejantes, a amarlos y a tratarlos bien. Porque “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos” (Mc 12: 29-31) se aplica también para el bullying.

– Dale. Vení. Leamos juntos Romanos 12:2
– ¿Qué dice?
– “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”.