El actual estado de movilización ciudadana de manera pacífica y multitudinaria a lo largo de todo Chile, contrasta bastante con el estallido delictual concertado del fin de semana pasado – incluyendo ataques simultáneos al sistema de transporte y a las cadenas de abastecimiento — que llevó al gobierno a decretar estado de emergencia y establecer medidas de excepción, incluyendo enviar a las fuerzas armadas a resguardar los intereses estratégicos en la Región Metropolitana de Santiago, y posteriormente en algunas otras zonas del país, evitando que se llegara a situaciones de cortes de energía, comunicaciones o conectividad vial.
A estas alturas está claro que el fondo del descontento social está en un cúmulo de desigualdades e injusticias que se han apilado por décadas, que no han sido afrontadas por el Estado, independientemente del color político de los gobiernos de turno (mayoritariamente de izquierda desde el retorno a la democracia), y a pesar de llegar a tener la economía más estable y robusta de la región.
Por lo tanto el diagnóstico transversal apunta a una falla del sistema político, más que a una falla del modelo económico; a una falta de sensibilidad social en la distribución de la riqueza generada. Un análisis sociológico y antropológico más amplio incluye en la ecuación a los propietarios y gerentes de empresas, que no habrían traspasado el éxito en sus utilidades al personal de menores ingresos, ampliando las desigualdades en lo económico. La imagen de oasis que Chile mostraba al mundo en realidad estaba siendo un espejismo para la mayoría de la ciudadanía y las alarmas en el olimpo de la política no fueron tomadas en cuenta, aunque se venían encendiendo desde hace tiempo.
La burbuja de descontento social tuvo su estallido luego del anuncio en el aumento en las tarifas del transporte público en la capital, pero podría haberse manifestado antes por el anuncio del próximo aumento las tarifas eléctricas (que ya no se realizará) o por cualquier otro de los múltiples factores que han convertido a la numerosa clase media chilena en una de las más endeudadas de la región.
La otra cara de la situación es el aprovechamiento coyuntural de los violentos y delincuentes, que se escudan en la masa que se manifiesta pacíficamente y aprovechan de saquear y destruir. Parte de los desmanes iniciales han sido atribuidos a la acción concertada de grupos de ultra izquierda que llevan adelante los acuerdos del Foro de Sao Paulo, a pocos días de similares acontecimientos en Ecuador, con el público beneplácito del dictador venezolano Nicolás Maduro y la preocupación manifestada por la OEA debido al riesgo que supone para la democracia en la región.
Aunque los partidos progresistas de ultra izquierda han salido a desmentir su participación en los desmanes y han dicho que son contrarios a la violencia, en la práctica han avalado todo tipo de manifestación de “desobediencia civil” y de hecho hay una investigación en curso por la detención de un anterior candidato a diputado del Frente Amplio portando elementos incendiarios.
El abogado chileno Aldo Duque resume así las razones para la situación a la que se llegó en el país:
1. Una generación que nació en el Chile moderno y no conoció las privaciones del pasado.
2. Una generación que no supo leer el fenómeno que se incubaba.
3. Una efectiva estrategia del Foro de Sao Paulo que trabajó en silencio y actuó en el momento justo.
En la esfera política se han dado señales concretas de haber recibido el mensaje da la ciudadanía y por una parte el gobierno ha dado a conocer más de una docena de medidas en una contundente nueva agenda social para su implementación inmediata, mientras que el Congreso ha sesionado desde el domingo de manera ininterrumpida para sacar adelante los proyectos de ley acordes con el nuevo rumbo requerido por la ciudadanía.
Si bien los grandes cambios estructurales que permitan mayor justicia social tomarán más tiempo, hay consenso en que Chile cambió y se debe aprovechar el punto de inflexión para proponer y llevar adelante iniciativas como reformular completamente el Presupuesto de la Nación (un “presupuesto base cero”, como lo ha dado a conocer el economista y senador Felipe Kast) y ordenar las prioridades para la asignación de recursos poniendo primero en la fila a los niños, los adultos mayores, las personas en situación de discapacidad, etc.
En el plano de la sensación ciudadana de la situación actual, cabe señalar que se han realizado encuestas sobre los temas de contingencia y mayoritariamente hay optimismo en la generación más adulta respecto de sacar adelante al país con medidas de corto y mediano plazo, respetando la institucionalidad y presionando al congreso para sacar adelante las leyes. Mientras que las generaciones más jóvenes proponen cambios radicales como la destitución del Presidente de la República, la creación de una Asamblea Constituyente y el cambio de la Constitución, en la línea de la izquierda dura.
Esta diferencia generacional podría tener en parte una explicación desde la estrategia comunicacional que han utilizado sectores de extrema izquierda para desinformar a través de Redes Sociales, con innumerables publicaciones falsas (fakenews) que resaltan la brutalidad policial y militar, denuncian supuestos montajes, y hasta un supuesto centro de tortura, publicaciones que han sido desmentidas o derivadas a la justicia civil para su aclaración y eventual sanción, en las vocerías diarias que se han realizado desde el Gobierno en cadena nacional.
Pero con #LaTVmiente como tendencia, y la mayoría de la gente en Redes Sociales, es menos probable lograr una opinión equilibrada de fuentes fidedignas. Otra tendencia promovida por la izquierda dura es #RenunciaPiñera pero tampoco está teniendo eco mayoritario en la masa de centro que valora la estabilidad de la democracia. Incluso la actriz y militante izquierdista de Revolución Democrática, Javiera Parada, criticó al Partido Comunista por buscar “hacer efectiva la renunciabilidad del mandatario”, comparando la situación con el golpe de estado contra el presidente Allende en 1973.
Para hoy viernes 25 de octubre se ha convocado a #LaMarchaMasGrandeDeChile, luego de paralizaciones convocadas por gremios de la salud y el transporte con anterioridad a los acontecimientos de esta semana, y por cierto con anterioridad a los anuncios y acciones de las autoridades por satisfacer las demandas ciudadanas, por lo que no se trataría de una muestra de descontento por la respuesta política inmediata, sino más bien de una declaración de fuerza en los números: #ChileDespertó y espera cambios que traigan #Justicia para que podamos tener #Paz.