Cuando pasamos por un tiempo de agotamiento y angustia, sabemos que nuestra ayuda es Dios. Pero nos damos cuenta que no tenemos fuerza para buscarlo.
Para fortalecernos nada mejor que comer, y para nuestro espíritu lo es la Palabra de Dios, alimento por excelencia. El Ángel se le apareció a Elías y le dijo “levántate y come, porque largo camino te resta”. Ana comió, se levantó y fue a orar al Señor.
Desafiate todos los días, aunque sea unos minutos, aún en lugares insólitos, a leer un pasaje de la Biblia (yo la tengo descargada en mi móvil). Te dará fuerzas para acercarte y tener relación con Dios. Cuesta, pero ¡ánimo!, te vas acercando a un tiempo invalorable. Leé y releé. No mucho, unos versos y reflexiona, dejá que el Señor te hable.
“Una vez, estando en Silo, Ana se levantó después de la comida. Y a la vista del sacerdote Elí, que estaba sentado en su silla junto a la puerta del santuario del Señor, con gran angustia comenzó a orar al Señor y a llorar desconsoladamente”. 1 Samuel 1: 9, 10. La Biblia.
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