Raquel Reguera, la artista que une la ciencia y la fe

Raquel Reguera es una cantante oriunda de España, cuna de grandes artistas y bellas poesías que han sido –y son aún- la delicia de nuestros oídos. Allí hizo sus primeros pasos y desarrolló una respetable trayectoria como cantante cristiana, pero también cultivó una faceta, tal vez, poco conocida, y que tiene que ver con la teología y su amor por las ciencias. Es así que, junto a su marido, Daniel Beltrán, iniciaron, hace un tiempo, “Punto de Encuentro”, un espacio de reflexión y debate acerca de la ciencia y la fe. En esta nota, hablamos de música, por supuesto, pero también exploramos un poco más sobre este perfil no tan difundido de Raquel Reguera.

Entrevistas 15/12/2021 Damián Sileo Damián Sileo
Raquel Reguera y Daniel Beltrán
Raquel junto a su esposo, Daniel Beltrán

Es, cuanto menos, poco habitual, ver artistas que además de desarrollar su arte, estén tan abocado a disciplinas tan distintas como lo es la ciencia. En tu caso, ¿cómo comenzó a interesarte el tema? 
Si bien es cierto que siempre me han apasionado las humanidades, creo que casarme con un científico de talla internacional como es mi esposo, el Dr. Daniel Beltrán, ha sido la clave para atreverme a mirar a la ciencia aunque sea de refilón. En casa hablar de ciencia es tan habitual como hablar de música o de cualquier otro tema y la verdad es que me siento privilegiada de poder compartir mi vida con un gran maestro que me ha hecho ver la ciencia como algo cercano y no sólo exclusivo de mentes privilegiadas. Daniel me ha enseñado a no tenerle miedo a la verdad que la ciencia descubre y ha activado en mí un pensamiento más científico que ha reafirmado mi fe.

Está claro que esto es un trabajo en equipo que haces con tu esposo, Daniel Beltrán. ¿Cuánto influyó él en tu decisión? ¿Hubieras encarado esta serie de “Punto de Encuentro” tú sola? 
Creo que no. “Punto de encuentro” no es una idea fortuita ni un proyecto oportunista. “Punto de encuentro” es el resultado de horas y horas de conversaciones interminables desde que nos conocimos hace ya más de 25 años en un café de Madrid. Es la extensión de nuestras sobremesas donde juntos y con posiciones tan marcadas nos hemos atrevido a mirar esos temas que a veces nos importunan, sin asustarnos ni incomodarnos, con mucho respeto y sobre todo, temor de Dios. “Punto de encuentro” somos dos caras con una sola esencia y quizá tenemos una forma muy particular de abordar asuntos como la evolución o los multiversos precisamente por la unidad que nos da nuestro matrimonio. Podría haber producido algún tipo de programa con tintes científicos pero nunca hubiera sido “Punto de encuentro”. 

Tus canciones son netamente de corte cristiano, con claros mensajes relacionados con tu fe. ¿Pensaste alguna vez en amalgamar el arte con tu amor por la ciencia? Convengamos que es una mezcla un tanto inimaginable. Pero, como en el arte no está todo escrito…
Para nada es inimaginable. La ciencia nos descubre cómo Dios ha creado las cosas, cómo se forma la vida o cómo “suena” el universo y la música sirve para “escucharlo”, sin olvidar que el lenguaje musical, técnicamente hablando, tiene mucho en común con las matemáticas, por ejemplo. Si los avances científicos nos permiten escuchar el latido de tu bebé cuando está en tu vientre, yo como músico con esa información escucho una maravillosa melodía con el compás de su primer latido. Creo que ambas disciplinas juntas pueden crear obras extraordinarias. Una de las personas que también me han influido en éste área es Adolfo Rivero, reconocido músico español con el que tuve el tremendo privilegio de producir mis dos primeros trabajos. Él siempre me anima a investigar el sonido, a descubrir las melodías que hay detrás de un llanto o encontrar las frecuencias exactas en el zumbido de una abeja. De hecho sus obras son un clarísimo ejemplo de que el arte y la ciencia, juntas, pueden llegar a volar literalmente nuestros sentidos. 

Volvamos a tu esencia de artista. Vienes de presentar “Cara y cruz”, un videoclip de una bonita canción de tu autoría. Fue una de tus acciones salientes durante la pandemia. ¿Cómo te trató este período? ¿Qué sacaste de bueno y en qué notas que te entorpeció en tu carrera? 
Mentiría si digo que este periodo me trató bien, porque nos enseñan a poner buena cara y dibujar siempre una medio sonrisa en virtud de una fe enmascarada, pero la pérdida de seres queridos, el aislamiento, la distancia “temporal” con mi familia en España o mi bajada de los escenarios es algo que definitivamente me han sacado demasiadas lágrimas. ¿Qué saco de bueno? Una Raquel diferente, que creo que eso siempre es bueno. Una Raquel más madura, más centrada, con una visión más global de mi servicio, y una fe más depurada. En cuanto a mi carrera musical, gracias a Dios he sacado dos temas, “Ahora” y “Cara y Cruz”, que son el refugio y fuente de inspiración de muchos y eso llena mi vida muchísimo y he podido sacar el tiempo que quizá nunca encontraba para centrarme en mi faceta teológica. Escribir mucho, reflexionar y activar algo que sin duda Dios  ha levantado para este tiempo.  

Retomemos la ciencia… la pandemia arrojó, entre otros males, una nueva grieta en la sociedad, a nivel mundial. El aislamiento, la distancia social, las vacunas, los tapabocas… fueron cosas que han puesto de un lado y otro de la vereda a la sociedad en su conjunto. ¿Cuál es tu lectura al respecto de este momento tan particular que vivimos?  
La pandemia ha puesto en relieve los males de nuestra sociedad que con el ruido de nuestra anterior “normalidad” no queríamos destapar. Vivíamos demasiado cómodos en un antropocentrismo exacerbado donde siempre nos gustaba tener el control. Llegó este enemigo inesperado y, desde su pequeñez, apuntó a algo que el hombre en el último siglo ha  trabajado para olvidar: nuestra vulnerabilidad.   
El hombre de nuestro tiempo no sabe ser pequeño, no quiere sufrir, no quiere sentir miedo, le asusta la incertidumbre y quiere controlar su tiempo con el torpe atrevimiento de querer redefinir dos conceptos intocables como son la “verdad” y la “libertad”. Y creo que hemos demostrado que no estamos a la altura. No hemos sabido gestionar el temor dejando rienda suelta a teorías inverosímiles y reclamando “derechos” falsamente legítimos que han borrado de nuestra sociedad e incluso de nuestras iglesias conceptos claves como son el cuidado, la compasión, la seguridad, la misericordia o el dolor. Parte de la Iglesia ha querido enfrentar esta pandemia con una fe impostada y supersticiosa donde atreverse incluso a nombrar la palabra Covid era propio de LOS DÉBILES DE FE, olvidando que el poder de Dios no se manifiesta en una fe que niega, sino en una fe que piensa, que sufre con el que sufre y que llora con el que llora. En un cuerpo, que sabe reconocer la debilidad, la vulnerabilidad y ofrece la alternativa salvadora  que es Cristo. 

Por último, una pregunta teológica: ¿Desde dónde y hasta dónde creés que se relacionan estos hechos con los acontecimientos de los últimos tiempos predichos en la Biblia?
Vamos a ver, intentar hacer cábalas con acontecimientos, fechas o catástrofes sobre la segunda venida de Cristo es una aproximación que como cristiana no me corresponde. Ya Cristo nos advirtió que “nadie sabe ni el día ni la hora, ni aún los ángeles del cielo… (Mateo 24:36). Obviamente, por lógica, estamos más cerca de su segunda venida puesto que cronológicamente hablando, el tiempo pasa; pero desde su vida en la tierra, Jesús ya decía que el tiempo estaba cerca. 
Un buen escatólogo nunca te da fechas, sólo te hablará de Jesús. De hecho, el  libro de Apocalipsis es una bella revelación de la figura de Cristo. Por lo tanto, no debemos convertir el estudio de su regreso en un catálogo de eventos en los que pareciera que sólo estamos preocupados en afirmar infundadamente que la vacuna tiene un microchip o que la marca de la bestia es el pasaporte Covid. 
Por otro lado, una pandemia aunque no nos guste, es algo que puede pasar y de hecho en la historia hemos visto pandemias mucho más graves que la del Covid-19. Hay virus, los virus se multiplican y mutan para asegurar su supervivencia. Esto es un hecho natural en una creación que como bien dice el apóstol Pablo en Romanos 8:22 “gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;” Y seguramente los cristianos que vivieron con Lutero la peste bubónica o los cristianos de hace un siglo con la gripe española, también pensarían que era el final de los tiempos…  pero, aquí seguimos.
Por eso yo prefiero ser de los que ven la pandemia como parte de  nuestro caminar y como un evento extraordinario donde me corresponde como parte de la iglesia de Cristo  hacer mi tarea de poder acercar el Reino de los Cielos a todos los que están sufriendo, que desgraciadamente son muchos. Cristo vendrá pronto, quizá sí o quizá no, a mí me corresponde simplemente estar preparada.
Me encantan las palabras del teólogo americano Juan Stam: “Estamos en el ‘ya, pero todavía no’. Ya vino Jesús, y esperamos su segunda venida con la fe de un nuevo cielo y una nueva tierra.  Eso es vivir apocalípticamente.  Esta pandemia, en cambio, no es apocalíptica.”

Entrevista: Damián Sileo

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