Por Damián Sileo

Entrevistar a Dante Gebel en la comodidad de un sillón y un café de por medio, pareciera una misión imposible para muchos periodistas hoy día. Por eso, ni siquiera hice el intento y opté por otra vía, la que nos han regalado los adalides de la comunicación contemporánea: Bill Gates y Mark Zuckerberg.
No sólo habló de la iglesia y las cosas que le molestan de ella. También sobre la política, las redes sociales, el Mundial de fútbol, el aborto, la música, la fama y el dinero.
Aun así, las distancias se acortan y el diálogo toma cierta fluidez, lo cual intentaré reflejar en esta extensa entrevista que el popular predicador concedió en exclusiva para Perfil Cristiano.

Sentado cómodamente en su living, luego de otra agotadora jornada como la que le propone River Church desde hace unos años, Dante se predispone a iniciar esta suerte de diálogo con algún tema que esté en boca de todos, como por ejemplo, el Mundial.
Alguna vez, César Luis Menotti, aquél técnico que llevó a la Argentina a lo más alto del fútbol mundial, en 1978, dijo una frase que quedó en el tiempo: “Se juega como se vive”. Y en base a esta máxima del Flaco, arremeto con la primera pregunta, como para terminar de acomodarnos, cada uno del lado de su computadora: Dante, la Selección Argentina de fútbol, ¿es un reflejo de nuestra sociedad?
Cuando pienso en la Selección, me preocupa que todos quieran ser Messi. Creo que en basándome en eso, sí; es el reflejo de cómo somos los argentinos. Cuando veo jugar a la Selección, me cuesta ver a un equipo buscando resultados de equipo, siento que todos quieren ser la figura, y eso es un patrimonio muy argento.
Es muy común, incluso, en nuestro ámbito evangélico: estamos todos unidos hasta tanto se defina quien va a agarrar el micrófono. Y como público también somos exitistas, creemos que nos merecemos todo; si Alemania, España o Brasil son una topadora en la cancha, igual nos sentimos los campeones morales a los que la mafia de la FIFA les robó la Copa. Hace poco leí en Clarín un ensayo del periodista Daniel Lagares que decía:“(…) En Argentina se es campeón o nada. Gardel o Devoto. Patria o muerte (…) No hay término medio en la Argentina, ni paciencia, ni atenuantes, ni contemplaciones. Destinados al éxito, la derrota es inaceptable. Todos sabemos de todo”. Y coincido plenamente. El día que dejemos de pensar que “Dios está en todas partes pero tiene las oficinas en Buenos Aires”, se nos va a clarificar mucho más el panorama.

¿Cómo se percibe, a la distancia, la realidad argentina?
Me preservo mucho de opinar, porque como vos mismo lo decís, estoy a la distancia. Y no quiero que alguien diga: “Es fácil opinar desde afuera”. Así que, me mantengo al margen del espectro político. Aunque obviamente estoy al tanto de todo porque me mantengo informado, soy muy cuidadoso a la hora de opinar. Llevo once años viviendo en el exterior y leo los diarios argentinos todos los días, pero a la distancia uno pierde objetividad y puedo herir susceptibilidades, justamente, por no estar viviendo en carne propia lo que viven día a día los argentinos. Nunca he dejado de orar y de invertir en mi país, pero no estoy en condiciones de hacer un diagnóstico político a la distancia.

La charla va entrando en terreno político, y es inevitable evocar algunos vocablos muy usados por estos días, como por ejemplo, “la grieta”. ¿Existen grietas en otros países de América Latina?
Si no me equivoco, creo que es un término que acuñó Lanata en una entrega de premios y luego se viralizó de manera tal, que hoy es algo más que una metáfora. Lo más cerca que estuve de experimentarla fue durante el 2013 en el estadio River. En ese entonces para una mayoría notable, Cristina era “la nueva Evita”, y muchísimos jóvenes militaban en la Cámpora. Sé que me lo van a desmentir, porque hablamos del mismo país en donde nadie jamás votó a Menem, y sin embargo se mantuvo por elección popular durante más de una década en el poder.
En el 2013 Cristina aún era intocable. Y en los Superclásicos siempre hablé de nuestros Presidentes sin ningún tapujo, pero recuerdo que en River dije: “Señora Presidenta, no importa cuántas obras benéficas pueda hacer, si usted no tiene a Cristo en su corazón, se irá al infierno como cualquier hija de vecina”. En ese momento se escuchó un “uhhhhhh” en todo el estadio y el aire se podía cortar con un cuchillo. A los minutos el público se dividió entre abucheos y aplausos. Ese día me di cuenta la influencia que tenía la ex Presidente en la juventud y por primera vez estuve consciente de la grieta. Esa grieta era tan profunda que pesaba aún por encima de una verdad Bíblica. Si militabas en la Cámpora, Cristina era una santa, tuviera a Cristo o no. Y no, no he vivido una situación así en otras partes de América latina, en donde la política puede hasta dividir o hacer tambalear nuestras convicciones más profundas.

Esta generación está pagando el precio de haber crecido en una iglesia que prohibía a sus jóvenes a estudiar en la Universidad, porque era mejor entrar al seminario bíblico; o no meterse en los medios porque “no es de Dios”, y mucho menos en la política, “porque es sucia y los santos no deben involucrarse”. Alguna vez hiciste alusión a este tema, expresando que por esa causa, hoy no tenemos políticos cristianos en puestos relevantes. Sin embargo, hoy la iglesia parece haber despertado a esa necesidad, pero en el último tiempo se convirtió en una iglesia militante, donde peligrosamente, muchos de sus integrantes, están más preocupados por difundir en las redes sociales sus ideologías políticas que su fe. Según tu visión, ¿a qué se debe este comportamiento pendular que tenemos como iglesia? ¿Por qué cuesta tanto encontrar el punto de equilibrio?
En primer lugar, hay que definir qué es militar en la política. Convengamos que hay gente que hace un trabajo fenomenal desde hace muchos años; luego están los que quieren aprovecharse y sacar algún beneficio de los contactos políticos y por último quienes lo hacen por simple esnobismo.
Yo respeto profundamente a los primeros; soy amigo de algunos de ellos, y conozco sus luchas, sus trabajos subterráneos (que no suelen tener exposición pública) y pelean por nuestros valores cristianos desde las trincheras de la militancia política.
Luego están los otros, los lobistas de siempre, que han existido desde que la Iglesia es Iglesia. Yo recuerdo a líderes decir: “Nos dijeron que, si fulanito gana como Intendente, nos va a donar las sillas o los ladrillos para el templo”, y ahí la Iglesia se transformaba en una sucursal de la Unidad básica. Eso estuvo siempre, los que sueñan con algún contacto que les quite el complejo de la minoría que tenemos los evangélicos.
Y finalmente están los que “tocan de oído”, pero que de alguna manera saben que está de moda estar parado en alguna vereda; ni siquiera conocen la política en profundidad, pero discuten su postura visceralmente. A estos últimos, ni pierdo el tiempo en escucharlos; apenas cambie la agenda política, se acomodarán camaleónicamente al nuevo mapa del país.

¿Fuiste tentado alguna vez para ocupar algún puesto político?
Un par de veces. Pero para eso debería dejar todo lo que estoy haciendo para incursionar de lleno en ese ámbito. Y no quisiera jugar a dos puntas en el sentido de cometer justamente el error que vos mismo señalabas antes, mezclar la fe con la ideología política. Si algún día tuviera que hacerlo, me despediría de lo que hago actualmente y me abocaría a mi función pública. Además, supongo que debería prepararme y estudiar mucho antes de aceptar cualquier propuesta que excede mi capacidad.

Hablando de iglesia pendular, hay permanentes discusiones que nos hacen atrasar 20 años, otra vez. Por ejemplo, si la mujer puede ser pastora, o si se puede usar tal o cual música para evangelizar, si se puede usar un tatuaje, o si se debe cobrar entrada para un concierto o algún evento como la conferencia que vas a realizar a fin de año en Buenos Aires. ¿Qué nos pasa a los cristianos? ¿Somos una especie de pelotita de flipper, que rebota de un extremo a otro a una velocidad que no te deja capacidad de reacción como para entender qué pasó en el medio? ¿Perdimos la capacidad de autocrítica?
Esas discusiones son las que siempre nos han mantenido ocupados, colamos el mosquito y nos tragamos el camello. Siempre estamos debatiendo lo periférico y no ahondamos en lo profundo. Las redes están atestadas de esas discusiones estériles que no conducen a ninguna parte; es una cacería de brujas para descubrir quien usa tatuajes o si algunos pastores pueden o no, predicar con pantalón chupín. Es un mal chiste. En lo único que no estoy de acuerdo es que “la Iglesia atrasa 20 años”, eso sería un sueño; la Iglesia atrasa más… 40 años, está varada en los 70’. Yo tenía esperanza en el recambio generacional de los líderes, pensé que eso iba a traer un aire renovado, pero no solo sigue igual, sino que empeoró.

Como debés estar al tanto, hoy se debate en la Argentina, en todos los ámbitos, no solo en el Parlamento, el proyecto de ley para despenalizar el aborto. Uno pudiera pensar que sería un tema que nos uniría a los cristianos en un mismo lado de la lucha, pero, paradójicamente, por si no nos faltaran grietas, se produce una aquí, sorprendente, en la que aún líderes cristianos se pronunciaron a favor de legalizar esta práctica. ¿Qué opinión te merece esta situación? ¿Cuál es tu postura al respecto? ¿Qué argumento sostiene tu posición sobre este tema?
Otra vez tambalean nuestras convicciones más profundas. Yo soy de los que mantiene que todos tenemos que evolucionar, y si bien Dios no cambia, nosotros tenemos la obligación de hacerlo. Cuando me dicen: “Dante, ya no sos el mismo de tus inicios”; en lugar de ofenderme, me alegra. Significa que crecí, que pienso diferente, que me re inventé, que maduré, “conforme a la estatura de la plenitud de Cristo”. Pero hay algo que no puede cambiar jamás, y son mis convicciones. Van más allá de las doctrinas, la cultura, y los cambios generacionales. Y entre las convicciones está el decálogo impuesto por Dios que dice “No matarás”. Punto. No hay ni siquiera un punto de debate para los que creemos que la Biblia es inspirada por Dios; todo termina reduciéndose a esa sencilla declaración, la muerte y la vida no están en nuestras manos; no entiendo por qué los cristianos deberíamos pensar acerca de cuál es nuestra posición respecto al aborto. ¿El feto tiene vida apenas gestado? “No matarás”, dice nuestro Dios. Fin de la discusión. Que se pongan miles de pañuelos verdes, mis convicciones no se negocian.

Cuando llegaste a los Estados Unidos, ¿te hicieron sentir algún tipo de rigor? ¿Es hostil el público norteamericano con los latinos que sobresalen en algún ámbito y se instalan en el país del norte, tal vez, en la búsqueda de una mayor realización y expansión en el ejercicio de su actividad?
Estados Unidos tiene como todos, muchos defectos y virtudes. Entre las cosas buenas es que el sistema funciona y si intentás burlarlo, el mismo sistema termina eyectándote. Si hacés las cosas bien, el gringo te respeta, honra tu profesión u oficio. Lo que no toleran es cuando llegás con la mentalidad de ser “el más vivo” y pretendés caminar por encima de las reglas. Yo llegué a USA con Visa de talento, que es un visado que otorgan cuando consideran que podés aportar algún perfil artístico a la nación y cuando llegué lo hice a través de un contrato con una cadena de televisión.
Las puertas se me abrieron de una manera extraordinaria, pero aquí pagás impuestos del total de tus ingresos, no dibujás la contaduría y toda la información personal y bancaria está cruzada con el Estado. Si pretendés una carrera larga, no tenés otra opción que hacer las cosas por derecha. Lejos de ser un país hostil, es hospitalario, siempre y cuando hagas todo dentro de lo que dictamina la ley.

¿Pensás volver algún día a la Argentina, como aquellos futbolistas que desarrollan su carrera en el exterior y regresan para retirarse en el club de sus amores, ya con otra experiencia a cuestas?
Uno puede salir de Argentina, pero es muy difícil quitarse la Argentina de dentro. No descarto que, si así el Señor lo dispusiera, podría regresar. De igual modo, considero que en los negocios del Reino no hay límites geográficos. Desde que vivo en el exterior, hemos hecho los Superclásicos del estadio Unico de La Plata en el 2011, River en el 2015, el teatro Coliseo el año pasado y este próximo 8 de Diciembre, el Luna Park. A efecto de lo que hago, es irrelevante en donde viva mientras tanto. No sé si haría más estando en Buenos Aires o si sería más efectivo; al fin y al cabo, vivimos en un mundo globalizado.

Si tuvieras que armar un podio con las tres cosas que más te molestan de la iglesia, ¿cuáles serían?
Tengo solo un par. Y voy a tomar prestada otra frase, y esta vez de Alfredo Casero, que hace poco dijo: “Me rompen (…) los policías del pensamiento ajeno”. Creo que hay mucho de eso en nuestro ámbito; el evangélico promedio es profundamente intolerante con sus ideas. Y siempre está pendiente de lo que piensa el otro para denostarlo, injuriarlo y mandarlo sin escalas al infierno. Me sorprende el odio visceral con el que creen defender su doctrina. “Cómo me alegraré cuando te vea arder en el infierno, hijo del diablo”, escriben algunos con una soltura e impunidad asombrosa. Cuando el Señor dijo que en los postreros días el amor de muchos se enfriaría, era obvio que hablaba de estas situaciones. Es una patología espiritual perversa, sórdida. Así que, a tu pregunta, la primera cosa que colocaría en el podio sería: “El policía del pensamiento ajeno”.
Y en segundo lugar he descubierto una palabra que asusta a los cristianos y que tiende a levantar una barrera mental y espiritual: la palabra cambio. A medida que aumenta nuestra edad, nuestro cerebro opera más con la parte de la memoria que con la parte visionaria. Y eso puede anclarnos en el pasado y hacernos perder el interés por lo que Dios tiene por delante.

La charla va atravesando la pendiente. No quedan muchos minutos para hablar, así que, busqué temas más cálidos para ir cerrando la nota. Por ejemplo, la música, eso que tanto nos apasiona a los cristianos y nos ha convertido, en algún punto, en fundamentalistas que difícilmente compremos un disco o asistamos a un concierto de un artista que no profesa nuestra fe. ¿Cómo ves la escena musical cristiana en general, y hasta dónde estás al tanto de lo que pasa acá, en la Argentina? ¿Pensás que el profesionalismo que se le infundió a la industria musical cristiana alejó a nuestros artistas de aquél espíritu de los ’80 y los ’90, quizás un tanto amateur?
Toda la música está viviendo un proceso muy reciclable, la inmediatez de las nuevas plataformas hace que se pierda aquello de producir un disco o los mismos conciertos que devenían como una parte orgánica de un lanzamiento musical. Lo que ocurre con la televisión está pasando con la música. Hay una generación que elige qué escuchar de manera mas selectiva. Mis hijos no consumen discos, sino temas musicales que les gusta. Y me sorprende, aún con Youtube, que no aguantan más de un minuto en línea. Todo es demasiado expeditivo; me asusta. No los imagino yendo a un concierto cristiano, si es que pueden elegir qué escuchar y ver on line en sus propios celulares o tabletas digitales.

Las redes sociales se han convertido, en la última década, en uno de los factores desencadenantes de las más diversas discusiones. Facebook, por caso, se convirtió en el campo de batalla preferido a la hora del proselitismo, tanto político como religioso. Los cazademonios evangélicos también han hecho uso de esta noble red para “desenmascarar” a falsos profetas –según esos denunciantes- que hacen del evangelio, un negocio. Entre tantos nombres, el de Dante aparece entre los favoritos a la hora de encender la hoguera. ¿Qué pasa por dentro tuyo cada vez que leés este tipo de posteos? ¿Hiciste la ruta que pasa por la sorpresa, el estupor, la bronca, la pena, la misericordia, la risa y la indiferencia? ¿En qué escala se podría decir que estás?
No recuerdo si pasé por todas esas estaciones que mencionás. Hace muchos años que hice una dicotomía entre el personaje y la persona real que soy. Y a la hoguera siempre tiran al personaje, por lo que no me afecta. Internet no es la vida real, y como acertadamente lo dijo alguna vez Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel”. Yo no me hago cargo ni de las críticas ni de los aplausos; las redes sociales brindan impunidad a que cualquier anónimo se exprese, y a veces ni siquiera es lo que piensa.
Gracias a Dios, lo he logrado capitalizar; me gusta provocar a los opinólogos porque hace que los usuarios estén activos y de ese modo, puedo promover eventos o hasta vender boletos de las conferencias. Si solo escribo versículos bíblicos, corro el riesgo que los usuarios coloquen “me gusta”, pero ya no regresen más. El gran juego no es la cantidad de seguidores que logres, sino cuantos de ellos permanecen activos.

Hace poco leí por ahí un ranking de los personajes evangélicos con más seguidores e interacción en las redes sociales, y ahí aparecías vos en un puesto privilegiado.
¿Supiste qué hacer de entrada cuando abriste tu fanpage o fuiste aprendiendo sobre la marcha cómo llegar efectivamente a más gente?
Supongo que fui aprendiendo sobre la marcha.“El público se renueva”, dijo la sabia proverbista Chiquita Legrand. Así que, creo que voy haciendo camino al andar.

Si tuvieras que elegir entre predicar en River Church o internet, ¿dónde te ves más efectivo?
Son universos diferentes. En River o en cualquier plataforma puedo exponer sin el apremio del tiempo o de la cantidad de caracteres. Internet me permite replicar los mensajes, por ejemplo. Yo predico a un público de unos cinco mil en el Arena de Anaheim y al final del día, tiene casi medio millón de vistas en el resto del mundo. Ambos se complementan, pero siguen siendo distintos.

¿Hasta dónde las redes sociales son una herramienta eficiente para la iglesia y desde dónde atenta, por ejemplo, hacia la asistencia de la gente a un culto?
No creo que afecte la asistencia a un culto. Podés ver un servicio en vivo, pero eso nunca va a reemplazar el hecho de congregarte, de la comunión, la camaradería, el pertenecer a un lugar.

¿Disfrutás la fama? (al menos la que reflejan los números de tus redes sociales)
Dios sabe que no es falsa modestia, pero no lo siento como fama. Todo es muy relativo; si me sirve para extender más el mensaje, está claro que lo uso. Pero no en términos de popularidad o la frivolidad de pensar que soy famoso. Pienso que la gente sigue a una persona pública por muchos factores. Ni lo disfruto ni lo sufro, simplemente es una circunstancia.

Dante, quedan muchas cosas en el tintero y es difícil explotarte en una misma nota, así que nos despedimos con un set de definiciones cortas, algunas de ellas, de carácter personal. ¿Qué te parece?
Perfecto.

-Si volvieras el tiempo atrás, ¿qué cosas que hiciste no volverías a hacer?
No aceptaría estar en Enlace, por ejemplo. Si bien es una cadena que te permite ser conocido y bendecir a muchos, nunca debí haber aceptado participar en las maratónicas. Pero en su momento pensé que debía hacerlo. No digo que esté mal, no hago un juicio de valores al respecto, digo que no era lo mío, no me sentía cómodo.
Tampoco volvería a sentarme ante un comité de pastores de Buenos Aires que oficiaba de sanedrín, en el que me preguntaban de dónde sacaba el dinero y cuáles eran mis motivacioes, cuando en realidad ellos nunca me dieron ningún tipo de apoyo. Hoy no volvería a rendirles cuentas. Fui demasiado complaciente.
Y obviamente, nunca habría grabado un disco! (grabé dos, jaja)

-La corrupción política, ¿es un mal solo de la Argentina?
No, es una condición inherente al ser humano que milita en política sin tener convicciones cristianas.

-¿Qué cosas siguen relegadas en tu vida por causa de la iglesia?
Ninguna. Mi vida es esto. No he regalado nada, solo ordené las prioridades.

-¿Qué grado de participación debiera tener la iglesia en los asuntos que sacuden a la sociedad, como el mismo tema de la corrupción, la violencia, la desigualdad social, el aborto, etc.?
Tengo un tema con eso. La Iglesia es conocida por todo aquello a lo que se opone y muy poco por lo que propone. Sabemos todo aquello en lo que NO estamos de acuerdo, pero bondad, no es solo ausencia de maldad. No cometemos pecados de comisión, pero si muchísimo de omisión. La Iglesia denuncia, exhorta, pero ofrece muy pocas alternativas. Necesitamos seguidores de Cristo que moldeen la cultura en las aulas, los noticieros y las salas de programación. Mentes santas que compongan canciones, hagan películas, redacten normas y planten compañías. Necesitamos más innovadores y menos comentaristas. Menos críticos y más creadores.

¿Se está ocupando los lugares que debiera la iglesia para intentar cambiar un poco el semblante de una Argentina golpeada por estos males desde hace décadas?
Soy demasiado realista en ese caso; la mayoría siguen con sus congresos apostólicos y proféticos. Hacen congresos de pesca desde hace treinta años y nadie sale a pescar, porque apenas alguien tira la caña, lo atacan sin piedad.

-¿Es intolerante el cristiano promedio?
¿Qué duda cabe? Pones una foto de un arbolito de Navidad en Instagram y si asesinar a sangre fría no fuese un crimen, muchos se pondrían la capucha del Ku Kux Klan y con todo placer quemarían mi casa con mis hijos dentro, en favor de la “sana doctrina”.

-Si te desterraran a una isla para el resto de tu vida, ¿qué CD y qué libro –exceptuando la Biblia- te llevarías?
Un libro sería “Axioma” de Bill Hybells. Lo he leído hasta el hartazgo y siempre compro varias copias para regalar a amigos muy cercanos; el ADN de RiverChurch fue basado en ese libro. Y un CD, me costaría elegir, porque soy muy ecléctico y además voy cambiando de gustos por temporada. Supongo que alguno de boleros antiguos.

-El cristianismo, ¿es socialista o neoliberal?
El cristianismo debe ser puro, cuando le agregas algo o intentas definirlo, en realidad le estás quitando algo. Algunas expresiones de Jesús, parecerían provenir de un socialista; pero no el sentido estricto de la palabra. Yo no me atrevo a poner al cristianismo dentro de alguna de esas dos definiciones. El cristianismo es seguir y emular a Cristo.

-¿Qué lugar ocupa el dinero en tu vida?
El lugar que ocupa cualquier herramienta para un profesional. Es el pincel del pintor, el auto de un corredor o el martillo de un carpintero. Imprescindible para lograr un mayor alcance y efectividad de tu talento y llamado.

-¿Estás de acuerdo con que haya educación sexual en las escuelas?
¡Obvio! Aunque me preocupa que se enseñe sin los valores cristianos.

-¿Qué leyenda quisieras en tu lápida?
Un hombre que inspiró a un par de generaciones.

-¿Quién gana el Mundial?
Dios quiera que Argentina. A veces le cuento a mi hijo Kevin (que tiene 19 y es fanático del fútbol) lo que vivimos en el ‘86, en México. O los vagos recuerdos que tengo del ‘78. Y quisiera que él pueda vivir aquella alegría. No puedo orar por eso, porque supongo que en cada país hay gente orando! jaja

-¿Qué pregunta esperabas que te hiciera y no la hice?
– ¿Cómo es que alguna vez tuviste la caradurez de grabar un disco?