La diputada evangélica Dina Rezinovsky (PRO-CABA) presentó junto a sus pares de los diferentes cultos Waldo Wolff (PRO-PBA), Soher el Sukaria (PRO-Córdoba) y Victoria Morales Gorleri (PRO-CABA) un proyecto de ley para declarar al 21 de septiembre como Día Nacional de Oración en Argentina. En ese sentido, en las firmas de dicho proyecto se encuentran representados distintos credos que conviven en nuestro país y el mundo como lo son las religiones del judaísmo, protestantismo, catolicismo e islam.
La elección de la fecha obedece al Día Internacional de Oración por la Paz que coincide con el Día Internacional de la Paz de Naciones Unidas. El proyecto pone de manifiesto uno de los fines en común a todas las religiones: un mundo en paz. Religiones y culturas en diálogo para que esa anhelada paz mundial deje de ser un deseo y se traduzca en momentos de profunda unión entre las naciones y sus credos religiosos.
Según la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, realizada por el CONICET y publicada en noviembre del año 2019, el país cuenta con un 62.9% de católicos y un 15.3% de habitantes pertenecientes a la religión evangélica. Esto da un total de 78.2% sobre el total de la población, es decir, la gran mayoría. Dentro de la misma encuesta se especifican otras religiones, como son la religión judía y la musulmana que representan el 1.2% de la población, completando casi un 80% de los argentinos que se identifican con alguna de estas cuatro religiones monoteístas. El ser humano es un ser bio, psico, social y espiritual. En este tiempo de encierro, de aislamiento social, preventivo y obligatorio, la fe en un Ser Superior se vuelve una fuente de tranquilidad y paz. Mientras las familias están atravesando momentos difíciles desde lo económico, rompiendo la calma entre los que conviven bajo el mismo techo; mientras hay cada vez más comerciantes quebrados y trabajadores desempleados, donde se perdieron libertades y se vulneran los derechos fundamentales; la oración ayuda a renovar fuerzas y atravesar las dificultades. Por eso, en estas circunstancias tan difíciles, la unión espiritual de nuestro pueblo se torna imperiosamente necesaria para llevar paz a cada uno de los hogares.