Por Miguel Siufi

Leyendo la Biblia en el evangelio de San Lucas 23:34 encontré un tesoro y dice así: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Esto muestra hasta donde llegó Jesús a perdonar a los que lo estaban denigrando, escupiendo, violentando y menospreciando, el mismo Hijo de Dios pisoteado por los seres humanos.

De esta historia narrada por el doctor y escritor del evangelio que lleva su nombre (Lucas) pueden desprenderse tres cosas puntuales a considerar:

1- El contexto donde se origina la ofensa y la época.
2- El sistema y asociación que realiza el juicio.
3- El sentimiento final.
1- El contexto donde se origina la ofensa y la época.

Existía en ese entonces el dominio del Imperio Romano sobre vastas tierras, incluido terreno judío aún no reconocido como tal, lo cual no implicaba que estos no hayan tenido injerencia religiosa en dichos tiempos. Existían dos ramas religiosas para ese entonces, a saber, los Fariseos y los Saduceos. Radicalmente sus diferencias eran que los primeros lograron imponerse como religión oficial y se interpretaba el judaísmo como lo marcaba el Antiguo Testamento y los segundos eran considerados como la clase alta del judaísmo y que en diversas ocasiones se aliaba con el poder de turno y eran propicios a aquellos que querían someter al pueblo (en otra ocasión podremos establecer las diferencias doctrinales de ambos grupos).

A pesar de las diferencias se unieron contra Jesús y sus seguidores e instigaron al gobierno de Roma a la detención, juicio y crucifixión de Cristo.

2- El sistema y asociación que realiza el juicio.
Jesús es juzgado por al menos tres cosas: Sus enseñanzas, sus profecías y su manera de vivir.
Él enseñaba valores venidos del cielo mismo tales como: fidelidad, honradez, amor al prójimo, matrimonios comprometidos realmente, verdad, respeto a las autoridades, honra a Dios, no juzgar a otros, relaciones correctas de padres a hijos y viceversa… Estos son algunos de los valores que Jesús quería trasladar y los predicaba viviendo lo que decía.

Su manera de vida confrontaba al ser humano y lo ponía de cara ante valores absolutos pero que no eran fáciles de realizar en las vidas particulares. También sus profecías acerca del Reino de Dios creaban conflictos al sistema religioso que creía que en realidad era la voz autorizada del Padre celestial para las personas.

Por todo esto se asociaron para juzgar a Jesús y se aliaron para realizar un absurdo veredicto de “culpable”. ¿Por qué? Porque no podían ir en contra de la verdad y no chocar con la misma.

3- El sentimiento final.
¡¡¡Crucifícalo!!! ¡¡¡Crucifícalo!!! Le dijeron a Pilato. ¿Por qué? Dijo éste: “¿Que crimen ha cometido?” No hubo respuesta al por qué. Dijeron al final dos cosas sentenciadoras: “Nosotros y nuestros hijos seremos responsables de su muerte” y “Suelten a Barrabás”, un personaje oscuro, acusado como uno de los peores asesinos de la época.

Los judíos aún hasta este momento sufren las consecuencias de su propio juramento.
Aún así las palabras del Maestro fueron: “Padre, perdónalos por lo que hacen, en realidad, no saben lo que están haciendo, no les tomes en cuenta este pecado”.

Termino este pequeño artículo concluyendo que Jesús nos enseña a perdonar y a no guardar rencores. Jesús perdonó, pero Él jamás ofendió a nadie. Ahora bien, si ofender fue enseñar a vivir en claridad y verdad, entonces Jesús fue el más alto de los ofensores para quien o quienes no querían vivir de dicha manera.
Me llama la atención los tres puntos tratados:

1- Sistema religioso en contra de Jesús y la verdad de Dios.
2- Juzgamiento por vivir la Verdad y enseñarla.
3- Sentencia para aquél que predica y vive de acuerdo a valores y liberación del asesino.

Cualquier parecido con la realidad actual es mera coincidencia, diría el refrán popular. La realidad marca que en toda época el ser humano tiene la molestia de que se les diga o se les marque el camino de la verdad y de los valores del Reino de Dios.

En conclusión, ¿somos religiosos o espirituales? ¿Entendemos las diferencias entre ambas cosas?

Dice un concepto que perdonar es liberar a un preso y a uno mismo. ¿Perdonamos a alguien que nos ofendió o aún seguimos atados/as a esa/s persona/s? ¿Estamos viviendo la Verdad de manera absoluta o relativa? ¿Cuál es nuestro Barrabás interno? ¿Con qué sentimiento del alma aún estamos luchando y que no nos deja en paz?

Jesús dijo: “Y conocerán la Verdad y la Verdad los hará libres” (S. Juan 8:32).

Espero y es mi deseo conocer y que conozcas dicha Verdad. No nacimos para estar atados y presos.