Por Damián Sileo

Facebook se ha convertido en una especie de Universidad que otorga doctorados a sus miembros con títulos de médicos, directores técnicos, analistas internacionales, teólogos, abogados y hasta constitucionalistas. Cuando algún tema está en la picota, no importa el rubro, allí está la red social como escenario principal para que miles de personas dieran cuenta de sus repentinos conocimientos expertos sobre la materia.
El COVID-19 no es la excepción y, con los cuidados del caso, tratándose de una pandemia que se llevó miles de vidas, pienso, con cierta ironía, que la Universidad de Facebook otorgó otro doctorado a sus miembros: el de Infectología.
Se han tejido las mil y una teorías acerca del virus, de su procedencia, de las conspiraciones, de los intereses políticos, económicos e ideológicos detrás del llamado “enemigo invisible”. Y por supuesto, por cada teoría surgida, había una fórmula mágica para combatir un virus para el cual todavía no se encontró una vacuna (o al menos es lo que nos dicen).
Ahora bien, ¿qué nos hace pensar que podemos tenerla tan clara en un asunto en el cual los expertos –médicos, científicos, infectólogos- no se terminan de poner de acuerdo?
Esto me llevó a practicar el ejercicio periodístico de preguntar. Y me parece que ante un tema tan serio y delicado como éste, lo mejor es llenarse de preguntas, mostrarse dudoso, tener la grandeza de decir “no sé”, “no conozco”, o “no tengo la menor idea”.
Tengo mis teorías, por supuesto, las cuales comparto solo con mis amigos y gente de confianza, pero ante el gran público, prefiero reconocerme ignorante y llenarme de preguntas, las cuales les comparto a continuación.
-¿Por qué estamos tan desesperados por una vacuna cuando, según las recomendaciones, con lavarnos las manos periódicamente con agua y jabón, zafaríamos de contagiarnos del virus?
-¿Por qué el barbijo fue tan menospreciado al principio y hoy se considera indispensable su uso?
-¿Por qué los niños no van a la escuela si se supone que es el sector menos vulnerable?
-Los muertos por coronavirus, ¿murieron por coronavirus o por una enfermedad preexistente?
-¿Por qué en China ya no hay más contagios comunitarios y están emergiendo económicamente cuando casi todo el resto del mundo está en quiebra y sus gobernantes no saben de qué se van a disfrazar en 2021? ¿Por qué sus principales países aliados ideológicamente no están en serios problemas sanitarios como el resto del mundo occidental?
-Si se supone que en mayo viene lo peor, ¿por qué se empezó con las permisividades como abrir negocios de rubros no esenciales, o permitir salir a caminar, o habilitar determinadas tareas que en principio estaban vedadas?
-Si pusieron una restricción para salir a tomar aire a no más de 500 metros de la casa, ¿en qué influye que uno vaya a 800 o a 1000 metros?
-Más allá de que, supuestamente, es para “cuidarnos y protegernos del mal”, ¿no da un poco de miedito que una orden presidencial sea la que determine cuándo puedo salir y por qué, o cuándo puedo empezar a dar mi primer beso o abrazo a aquél amigo o amiga que hace tiempo que no veo?
-¿Por qué el Gobierno considera un servicio esencial un aborto –aun cuando es ilegal en nuestro país- y se ofrecen esos servicios pero si uno tiene que hacerse un examen médico programado de, por ejemplo, una alergia, tiene que posponerlo?
-¿Es cierto que los supuestos médicos y enfermeros cubanos ingresan al país sin practicárseles el protocolo del COVID? De ser así, ¿por qué razón permiten su entrada irrestricta? Por otra parte, habiendo excelentes médicos argentinos en sus casas esperando que los convoquen para dar servicio, ¿para qué traer a profesionales de dudoso currículum por los que hay que pagar fortunas, y más aún, cuando ni siquiera le dan los insumos correspondientes al personal de salud que ya se encuentra trabajando?
-Volviendo al tema de los permisos, si el aislamiento preventivo debe ser riguroso, ¿por qué empezar a ser permisivo en momentos en que la gente se pone más combativa o se experimenta cierta desobediencia civil? ¿No deberían endurecerse aun más las penas y castigos para quienes no cumplan?
-Y por último, me surge esta gran duda: ¿cómo es posible que los rubros peor pagos de la Argentina –médicos, enfermeros, policías, empleados de comercio- son los esenciales para que la rueda siga girando? Y mientras tanto, aquellos por los que el Estado paga los más abultados sueldos –diputados, senadores, jueces- están guardados en sus casas y siguen cobrando sus suculentas dietas sin producir nada a cambio, evidenciando que sus no existencias no influyen para nada en el andar de la Nación aún en una de sus crisis más agudas. ¿No es, cuanto menos, para analizarlo?