Por Marcelo Díaz

Se ha dicho miles de veces, que si se quiere conocer a alguien en profundidad, sólo hay que darle poder. No está en la Escritura, pero la afirmación es tremendamente cierta. Incluye evangélicos.
Uno de los principales errores conceptuales que por años los cristianos predicaron era que “no había que meterse en política, porque el poder corrompe”. Y por eso dejamos espacios vacíos que tomaron los malos, y así está nuestro sufrido país.
Pienso que el poder no hace nada. No provoca ninguna transformación onda Hulk. En todo caso, es un recurso que desnuda las pasiones e intenciones más profundas del ser humano. Incluye evangélicos.
El humilde con poder, entiende que tiene en sus manos un instrumento que le permite mayor alcance en su influencia positiva hacia los demás. El arrogante con poder, entiende el mismo instrumento como un martillo para golpear a otros, generalmente los más débiles. Pero ambos personajes ya eran como son antes de tener el poder.
El poder no tiene el poder de transformar a las personas. El poder las muestra como son. Incluye evangélicos.
Dicen que mi héroe, San Martín, dijo una vez: “la soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe, con una miserable cuota de poder”.
No se ha entendido bien que a más poder y liderazgo, se achican los derechos y se aumentan las responsabilidades. Incluye evangélicos.
Nuestra tradición histórica ha forjado la imagen del líder político “poderoso e inalcanzable”. Un semidios entre nosotros. Por eso, en las últimas elecciones, varios se subieron al caballo cuando apenas eran candidatos en sus partidos, y ya tenían tres secretarios que filtraban toda invitación a conversar. ¿Por qué el cambio? Y… es candidato. Incluye evangélicos.
El poder es una lupa gigante que mostrará los detalles de nuestra vida. Porque, entre otras consecuencias, el poder político empequeñece tu vida privada y agranda la vida pública. Es una gran luz puesta sobre los que trabajamos en estos campos misioneros. Hay más luz sobre nosotros. Y cuando hay más luz, se ven más cosas. Incluye evangélicos.
Termino recordando un texto profético muy interesante respecto de la actitud del individuo y su relación con el poder. Don Abdías dice: “Has sido engañada por tu propio orgullo porque vives en una fortaleza de piedra y haces tu morada en lo alto de las montañas. ‘¿Quién puede tocarnos aquí en las remotas alturas?’, te preguntas con arrogancia; pero aunque te remontes tan alto como las águilas y construyas tu nido entre las estrellas, te haré caer estrepitosamente”, dice el Señor.
La versión argento de este texto memorable dice: “No te la creas porque te bajo de un hondazo”.
Casi me olvido: incluye evangélicos.