Por Lucas Rock

El gen argentino, ese ADN que nos hace únicos y especiales y que solo se ve por estas latitudes del globo terráqueo. No tenemos comparación, si te vas a cualquier lugar del mundo, vas a reconocer a otro argentino a dos cuadras. Como el personaje de “Peligro Sin Codificar”, quizás no tenemos título pero somos “licenciados en casi todo”, podemos hablar desde política hasta astronomía (seguramente una parte de los argentinos cree en los aliens y dice que la llegada del hombre a la Luna fue todo orquestado, aunque no tenga pruebas).
Y obviamente de fútbol, somos todos directores técnicos, ni juntando a Menotti, Bilardo, Bielsa, Pekerman y Gallardo en una persona sería tan buen técnico como yo.
Comparamos todo y a todos con el fútbol, el único exitoso es el que vive del fútbol (ese sí la pasa bien); al ídolo del fútbol le perdonamos todo, TODO, solo porque defendió los colores del club o la Selección. Messi nunca va a ser igual que Maradona, ni San Martín pareciera ser más grande que Maradona.
En toda la historia del fútbol mundial, tuvimos la gracia de que dos cracks como Messi y Maradona nacieran en Argentina, pudimos disfrutar a Diego y podemos todavía –no sabemos cuánto- disfrutar a Lio. Pero no, nos encanta compararlos hasta el hartazgo. A Dios se le ocurrió regalarnos dos extraterrestres que mueven el balón como nadie en la galaxia.
Estoy casi seguro que esto no se va a volver a repetir, como no tendremos otro Manu Ginóbili, otro Fangio, otro Delpo ni otra Lucha Aymar. Ojalá que, si en algún rincón de nuestro querido país llega a nacer otro chico que lleve nuestra bandera a lo más alto, no lo/la comparemos con nadie, solo disfrutemos, disfrutemos de su talento.