Por el Dr. Jorge Maciel
Llegó el día en que el bien y el mal fueron trastocados en nuestra República Argentina, castigándose al inocente y perdonándose al criminal; todo lo cual denota la profunda carencia moral atravesada por nuestra sociedad actual.
En la provincia de Río Negro se condenó a un médico por salvar la vida de una embarazada y la del niño que gestaba producto de una violación; vida puesta en riesgo por un grupo abortista ultrafeminista y clandestino denominado «La Revuelta», sin embargo nadie procuró denunciarla desde el gobierno provincial, sino que por el contrario fuimos los ProVidas quienes radicamos la acción legal, la cual duerme en el sueño eterno de Morfeo sin que ningún juez o fiscal se digne a investigarla. Me parece perfecto que seamos juzgados los médicos por aquellos casos en los que pudimos poner en riesgo la salud de una paciente por mal desempeño, pero considerar delito salvar una vida ya es otra cosa. Pues bien, si eres médico tocoginecólogo no te olvides de anotarte como objetor de conciencia si estás en contra del asesinato prenatal o aborto antes de pisar algún hospital público de esta provincia (Río Negro), aún sin que ninguna ley nacional o provincial establezca las injerencias de la objeción de conciencia en diversos aspectos de la práctica médica. También debes saber que llegarán a tu guardia muchos casos mal llamados «ILEs» o «abortos legales» iniciados en las salitas de barrio (CAPS) bajo algún causal laxo que nadie procura definir con mayor claridad, con lo cual el aborto estará tocando la puerta de tu guardia o consultorio cada día de tu vida profesional.
¿Qué se hace con el violador? Absolutamente nada porque hasta el día de hoy no fue denunciado ¿Qué se hace con «La Revuelta»? Nada porque siguen promocionando su actividad ilegal por redes sociales y afiches en instituciones públicas a la luz de las autoridades estatales ¿Qué se hace por la salud sexual y reproductiva de las mujeres en situación de vulnerabilidad? Nada porque el programa falla, los métodos anticonceptivos a veces faltan, los contenidos educativos están cargados de ideologías falsas y las enfermedades de transmisión sexual siguen sin bajar su incidencia. En pocas palabras, quienes viven en la miseria seguirán viviendo en la miseria sin que nadie trabaje coherentemente sobre sus problemas.
En fin, llegamos al punto donde ser médico tocoginecólogo se convirtió en una profesión de riesgo que requiere de un buen seguro de mala praxis y de algún abogado dispuesto para ayudarte cuando quieran vestirte de delincuente en un juicio mediático iniciado por algún político de turno con ganas de hacer campaña a costa de tu matrícula. El juramento hipocrático fue escupido sin que nadie sea capaz de protegerlo.