Por Sebastián Golluscio

La reciente condena judicial al Dr. Rodríguez Lastra, por salvarle la vida a un bebé y a la madre cumpliendo fielmente su juramento hipocrático, comprueba una idea que hace tiempo ronda por mi cabeza: estamos mucho más cerca de enloquecer de lo que creemos.
¿No es acaso una locura declarar culpable a una persona por salvar dos vidas?
En su famoso cuento “El Rey está desnudo”, Hans Christian Andersen muestra cuán cerca estamos como sociedad de volvernos locos y de cometer los errores más ridículos que podamos imaginar. Unos sastres llegan a un Reino lejano y engañan al rey, a su corte, y a todo el pueblo, haciéndoles creer que eran capaces de fabricar un traje que solo la gente inteligente podría ver. Según los astutos sastres, para la gente tonta el traje resultaría invisible. Todos muerden el anzuelo y, por temor a quedar como tontos, presumen ver el traje mientras el rey se pasea en ropa interior por las calles del Reino, recibiendo todo tipo de halagos por su “espléndido vestido”. La mentira solo queda al descubierto cuando un niño del público grita con valentía “¡Pero si el rey está desnudo!”.
Las ideologías, de cualquier tipo, siguen la misma estrategia pergeñada por los sastres del cuento. Buscan implantar ideas que, por descabelladas que suenen, lentamente van penetrando la conciencia popular hasta que ya no nos damos cuenta de la locura que representan. ¡Resulta que ahora matar a un ser humano es algo virtuoso, y salvarlo algo condenable! Por eso, cuando el preámbulo de la Constitución Nacional Argentina se refiere a Dios como “fuente de toda Razón y Justicia”, no está haciendo proselitismo religioso. Lo único que pretendían los constitucionalistas era evitar que caigamos en la locura colectiva.
Según un antiguo Proverbio, “Al que es honrado, Dios le concede el tesoro del sentido común” (Proverbios 2:7 NTV). Como de común tiene poco o nada, hoy el sentido común constituye un verdadero tesoro.
Mi respeto y apoyo a este hombre honrado, que con el más básico de los sentidos comunes hizo lo que debía hacer: salvar la vida humana. Aunque nos tilden de locos, sigamos gritando con ingenuidad y valentía de niños ¡el rey está desnudo!