Por Alex Olah

Al ver las llamas destruyendo en horas lo que la mano del hombre llevó siglos en construir no queda más que pesar ante la terrible pérdida que el incendio significó para la Catedral de Notre Dame, para la ciudad de París y el patrimonio de la humanidad.
Sin embargo, mientras escuchaba las expresiones de tristeza de la gente alrededor del mundo, muchos de los cuales han visitado el lugar y otros no, no podía dejar de pensar en las palabras de Jesús, tan apropiadas para esta fecha.
Las catedrales pueden quemarse, los edificios vandalizarse, las estructuras caerse, pero el verdadero Templo nunca será derribado.
Pensaron que lo habían destruído, intentaron deshacerse de él pero, tal como lo prometió, al tercer día se levantó de entre los muertos por su propio poder.
Cientos lo atestiguaron, nadie pudo negarlo.

Juan 2:17-21 (TLA)
«17 Al ver esto, los discípulos recordaron el pasaje de la Biblia que dice: «El amor que siento por tu templo me quema como un fuego.»

18 Luego, los jefes de los judíos le preguntaron a Jesús:

—¿Con qué autoridad haces esto?

19 Jesús les contestó:

—Destruyan este templo, y en sólo tres días volveré a construirlo.

20 Los jefes respondieron:

—Para construir este templo fueron necesarios cuarenta y seis años, ¿y tú crees poder construirlo en tres días?

21 Pero Jesús estaba hablando de su propio cuerpo. 22 Por eso, cuando Jesús resucitó, los discípulos recordaron que él había dicho esto. Entonces creyeron lo que dice la Biblia y lo que Jesús había dicho.»