Por Daniel Di Paolo (*)

Hay gente que sabe respetar y hay gente que no respeta nada.
De igual manera, pretender que sepan respetar a su himno nacional, a los compatriotas que tenemos otras opiniones, al Comité Olímpico Internacional y al compromiso de no politización de una ceremonia deportiva de alcance mundial, cuando no pueden respetar ni siquiera la vida de sus propios hijos, es ser demasiado iluso.
Me imagino que detrás de esta chica, a la que la usaron como una marioneta, hay otros responsables que movieron los hilos para consumar este atropello.
Deben estar orgullosos de su “hazaña,” se felicitan entre ellos, se alegran por la repercusión mediática. Mientras tanto, los argentinos respetuosos los miramos con tristeza y los consideramos patéticos.
(*) Daniel Di Paolo es abogado.