Por Gustavo Marini

Ante un nuevo cambio de gobierno en Argentina y la participación creciente de cristianos en la actividad política, creo que es un buen momento para reflexionar y preguntarnos para qué queremos estar en el gobierno del mundo.
El Reino de Dios les fue dado a los cristianos y el gobierno del mundo a Satanás (el príncipe de este mundo); es el mundo caído en el cual vivimos. Ambos coexisten pero se rigen por leyes distintas, antagónicas.
Las leyes del Reino de Dios se rigen por la bondad, el dar, la misericordia, la compasión el compromiso, el perdón, el dominio propio, la justicia, el amor al prójimo, y el temor a Dios que es el principio de la sabiduría.
Las leyes del mundo se rigen por el oportunismo, la mentira, el robo, la injusticia, la vanidad, el hedonismo, el egoísmo.
Los evangelios relatan los momentos que Jesús es tentado en el desierto, por Satanás: «….llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor. -Todo esto te daré si te postras y me adoras-, le dijo”. El gobierno del mundo le ofrece a Jesús lo que él venía a buscar, lo que se había perdido, la tentación es muy grande, pero el fin no justifica los medios. Jesús contesta: “¡Vete, Satanás! Porque escrito está: ‘Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a Él’”. (Mateo 4:8-10 NVI).
La iglesia primitiva fue perseguida por el imperio romano, pero luego de 300 años el cristianismo lo conquistó, el imperio más poderoso del mundo de esa época adoptó la Fe cristiana como religión oficial. Esa conquista del cristianismo la logró, a base de testimonio, prédica y mártires; como dice La Biblia “… han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra de testimonio de ellos y menospreciaron su vida hasta la muerte” (Ap. 12:11). Pero luego con el tiempo sucumbió al poder del mundo, se adaptó o a las leyes del gobierno del mundo y entró en un período que llamamos el oscurantismo.
Es imposible mezclar las leyes que rigen el gobierno del reino y el gobierno del mundo, porque son opuestas, aparece el conflicto, es como servir a dos señores.
En mi opinión los cristianos debemos influenciar el gobierno del mundo, no debemos negociar con el mundo. Caso contrario corremos el riesgo que nos empiezan a conquistar las leyes del mundo y lentamente se mezclan las leyes que nos gobiernan y comenzamos casi sin querer a servir al mundo, creyendo servir a Dios.
Simon Sinek (escritor inglés), dice que hay dos tipos de leyes: las leyes divinas y leyes del mundo, y que viviremos en un mundo más justo cuando las leyes del mundo se alineen con las leyes divinas. Los cristianos vivimos en el mundo, pero nos deben gobernar las leyes del reino, y debemos influenciar a los que gobiernan el mundo para que se les caiga el velo de ceguera y se vuelvan a Cristo, y así lograr que las leyes humanas se alineen con las leyes de Dios.
Martin L. King, no ocupó ningún cargo político pero su influencia y prédica lograron cambios en las leyes por los derechos civiles de los Estados Unidos.
Occidente lentamente está abandonado sus raíces cristianas que fueron las que les dieron prosperidad y comienza a transitar un camino sin GPS, sin rumbo, extraviado sin Dios. Este camino nos está influenciando a cambiar el Dios de la fe judeo-cristiana por otros dioses: egoísmo, vanidad, hedonismo y falsas filosofías.
En los últimos años se viene observando estas cuestiones en nuestra legislación: divorcio exprés, ley de género, matrimonio igualitario, despenalización del consumo de drogas, aborto (como cuestión de salud pública, sin importar los derechos del ser humano en el vientre materno). Parece que la sociedad quiere los privilegios de una sexualidad libre pero no quiere responsabilidades y por lo tanto hay que eliminar las consecuencias (criar un hijo).
Las palabras de la Biblia en Romanos 1:21-22 parecen describir estos tiempos “…pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria de Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible…”.
Vishal Mangalwadi (escritor y filósofo) escribió: “En La República su obra clásica, Platón advirtió a sus conciudadanos griegos que ni siquiera podían empezar a construir una sociedad justa sin acabar con las historias viciadas de sus dioses y diosas. Esto significa que ningún pueblo puede ser mejor que sus dioses”. Creo que es hora de influenciar cambios en los dioses de este mundo.
Hoy más que nunca ante un nuevo cambio de gobierno en nuestro país es hora que los cristianos que inician un cargo en la vida política lo hagan teniendo bien en claro que los deben gobernar las leyes del reino, influenciar desde el amor y para todos los que piensan como yo y los que no, los del partido político que este y los de enfrente también. A los cristianos no nos debe gobernar la conveniencia y oportunismo político, nos debe gobernar Cristo, recordando que murió y resucitó por y para todos. Él es la verdad absoluta, las demás son relativas y cambiantes.
Jesús enseñó una parábola sobre el Reino que dice: “El Reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado”. La cantidad de levadura es pequeña pero termina leudando toda la masa,
Es mi deseo y oración que los cristianos que Dios planta en la actividad política en este nuevo tiempo de gobierno, firmes en las leyes del Reino, sean como semilla incorruptible en el campo del mundo, produzcan fruto influyente y transformador en todo lo que emprendan y leuden toda la masa de nuestro país.