Por la Lic. Camila Saraco
Estamos en un momento social en el que las mujeres han aumentado su lucha por defender ideales, derechos, y equivalencias por su género. Esto ha provocado discusiones, malos entendidos y un sinfín de situaciones, dentro del género femenino pero también a nivel social en general.
En algunas ocasiones el género femenino ha levantado la voz, dejándonos atrapadas a tantas otras mujeres, en ideas que no compartimos, no apoyamos. Todo siempre con la idea de lograr un reconocimiento de la mujer en diferentes ámbitos de la vida (laboral, político, social) que quizás se ha sentido opacado por el rol del hombre, o la labor “machista” como muchas otras llaman.
Hoy quisiera plantear algunas ideas acerca de lo que yo considero “el poder de la diferencia”.
Creo que en el intento de igualar los géneros, nos estamos perdiendo lo enriquecedor de las diferencias. El filósofo Ángel Ganivet dijo: “La mujer tiene un sólo camino para superar en méritos al hombre: ser cada día mas mujer”.
Cuando Dios creó al ser humano, comenzó creando al hombre, con tareas específicas y algunas órdenes que cumplir. Luego creó a la mujer, con la tarea de ser ayuda del hombre.
Desde un comienzo se tomó la idea de que Eva, al aparecer en escena como una ayuda, fue creada para ser menos que Adán, poniendo todo el valor de la persona en lo que hace, y no en lo que es. Pero el plan original no era ése. Los dos géneros fueron creados con el fin de que funcionen como complemento. Ninguno supera al otro en cuanto al hacer; ambos fueron diseñados con propósitos distintos, y es en esa diferencia donde hay un potencial increíble para explotar. Por algo es una ayuda idónea, o sea, funcional a lo que el otro necesita.
Las discusiones actuales, que generan tanto debate, se están basando simplemente en que las diferencias separan, cuando en realidad las diferencias unen. La mujer necesita de lo que el hombre hace, pero también de lo que el hombre es. Y viceversa.
Nuestra mente funciona con esquemas de pensamiento diferentes según seamos hombres o mujeres, con lo cual, un Gobierno, un Hospital, una Escuela, un Club, un Equipo de fútbol, una familia, necesita de la visión de los hombres y de las mujeres. Creo que como mujeres, nosotras mismas en el afán de querer igualarnos con el género masculino, nos encontramos en una lucha que muchas veces hasta carece de sentido y se sirve de argumentos que no son sólidos, y que lo único que hacen es retrasar la posibilidad de llevar adelante proyectos que mejoren la sociedad en la que vivimos y que impacten el entorno en el cual estamos.
Cuando la competencia le gana a la habilidad, a las virtudes, estamos entrando en un camino no productivo. Solo recibimos resultados mediocres, inesperados, y un estancamiento que no nos deja crecer como raza.
En este mes de la mujer, me pregunto, y le pregunto a todas las mujeres (¿y por qué no también a los hombres?): ¿no sería más fácil pararnos en las diferencias para crecer como seres humanos, en lugar de estar apuntando siempre a homogeneizar los géneros?