Por Dante Gebel

“El pueblo evangélico es el único ejército que abandona y fusila a sus heridos”, especialmente cuando se trata de ciertos pecados. Se excusan con la frase “No comparto” o “No tengo comunión” y actúan como los Nazis al servicio de Hitler: “Somos la raza superior, eliminemos a los minusválidos y defectuosos”.
Tratan el divorcio como si fuera el pecado imperdonable del Espíritu Santo, o el adulterio como una sentencia de muerte. Algunos, hasta por mucho menos, fusilarían con gusto a quienes arman el arbolito de Navidad o simplemente miran los Simpson.
Es la famosa doble moral de los que dicen ser soldados, pero son traidores a su propia bandera.
Rematan sin piedad a sus compañeros de milicia, pero se rasgan las vestiduras por una serie de Netflix.
Resulta que ahora quieren hacer “una campaña moral de quitar la suscripción”; y antes de eso nunca les molestó ver todas las temporadas de “La casa de papel”. Es obvio que pagaban Netflix solo para ver a “Tom y Jerry”, hasta que se burlaron de Jesús. Es que hasta los fariseos de doble moral tienen su límite. “La casa de las Flores” o “Por 13 razones” está bien; pero no la “blasfemia”. Ups.
La mayoría que se escandalizan por una serie, es seguro que comparten la contraseña de Netflix, para no tener que pagar otra suscripción. ¡Qué ironía! No quieren usar Netflix pero usan las redes para fusilar a quien se le cruce. Y me piden a mí que cancele el contrato de la serie con Netflix (estoy pensándolo, a lo mejor me voy a iluminar a Enlace).
Son los mismos que aplauden al reo que se convierte, pero al cristiano que ha caído le dan el tiro de gracia. Lo fusilan a sangre fría.
Es triste cuando rematan al herido dentro de la Iglesia; cuando las personas “justificadas” por una arrogancia espiritual, sienten que tienen el derecho de juzgar a otros. ¿Por qué en la iglesia son tan desleales?
Se llenan la boca criticando cuando cae alguien “grande”, por la vergüenza que trae a la iglesia; pero el rey David, cuando cayó su mayor enemigo, el rey Saúl; rasgó sus ropas, lloró y dijo: “Cómo han caído los grandes, no lo digas en Gad, no lo digas en Gad” (2 Samuel 20). ¿Por qué David decía “no lo digas en Gad”? Gad era una ciudad de los filisteos, Goliat era de Gad, y lo que David lamentaba era cómo el mundo (Gad) se burlaría por la caída de los grandes (Saúl).
Muchachos, seamos parte de un ejército que restaura. Cuando cae un soldado herido, carguémoslo en nuestros hombros a cualquier precio, porque mañana podemos necesitar que nos lleven en brazos a nosotros.
Nunca sabes cuándo necesitarás GRACIA. En un ejército de VERDAD, a eso se le llama código de honor. En un ejército de religiosos se le llama: “Ojalá mueras aquí y ardas en el infierno”.
Por matar a un herido de tu propia bandera vas a una corte marcial. Por matar a otro evangélico, los religiosos celebran y te llaman “celoso de la doctrina”.
Recuerda; es más fácil sanar a un soldado herido y devolverlo a la batalla, que entrenar a un nuevo soldado.
Prefiero equivocarme por amar, que por fusilar.

(Tomado con permiso desde el perfil del autor en sus redes sociales)