Por Maximiliano Domínguez

 

Un paracaídas demuestra su utilidad, cuando se abre y funciona. El airbag de un auto cuando choca. Y la fe, cuando nada nos garantiza la victoria.

Es difícil comprender el uso de la fe, cuando no la necesitás o cuando se necesita sólo una pizca. No es una crítica, es una realidad de todos. Hay cosas en las que se necesita esperar muy poco tiempo. O apenas apartar una sombra de duda y otras en las que quisiéramos gritar como HULK, verdes gigantes e incontenibles “¡¡¡HASTA CUANDO DIOS!!!”.

Por eso cuando leemos sobre personas que pasaron situaciones difíciles y perseveraron en su fe, nos inspira; pero nada te prepara para los períodos largos sin respuesta aparente de Dios, o sin los cambios buscados.

A veces es una enfermedad, otras la falta de trabajo, las deudas o el no poder decidir correctamente.

Cuando estamos metidos en esas situaciones, cada día sin respuestas o cambios es una espina clavada en nuestro corazón.

Muchas veces Dios prueba si de verdad confiamos en El, si es cierto que es nuestro Señor y proveedor.

Otras el enemigo nos “picanea” para intentar demostrar que no tenemos fe y que Dios no mira por el bienestar de sus hijos.

No se puede enseñar más que la teoría de la fe, porque la da Dios, en el tamaño que considera adecuado; sin embargo lo que requiere para activarse es que decidamos ponerla en práctica, sostenerla, a pesar de lo que tengamos delante.

Si estamos cerca de Dios, en sintonía con El, nuestra fe se fortalece y está lista para usarse. Pero cuando sólo tenemos “citas rápidas” con Dios es como cuando estamos por salir y el celular tiene batería baja. Lo cargamos 5 minutos y le exigimos que nos dure todo el día.

La fe tiene el tamaño del tiempo que pasamos en Su presencia.

No hay magia, es pasar tiempo con Dios.

No escribo esto luego de haber pasado el Himalaya de rodillas, sino buscando, como cada buscador sincero, estar cerca suyo, superar las pruebas y avanzar un día más creyendo que Dios es Fiel.