Por Lucas Rock
Durante los últimos años, la iglesia evangélica latinoamericana ha jugado un papel más que preponderante en temas sensibles para la sociedad, como lo son el aborto y la educación sexual.
Junto a otras organizaciones cristianas, la iglesia evangélica salió a las calles de Latinoamérica para protestar contra este tipo de prácticas que atentan contra la vida y la educación en las escuelas.
Pero a la iglesia cristiana, al ser contraria a las prácticas de izquierda, se la ha puesto en la misma vereda que la derecha, como si solo hubiese dos tipos de pensamientos posibles.
La idea de derecha e izquierda (como pensamiento político) nació en el siglo XVIII, previo a la Revolución Francesa. Al parecer, sucedió en Versalles. Los políticos estaban debatiendo sobre el derecho a veto del Rey en las decisiones que tomase la Asamblea y surgieron tres grupos. Uno que estaba a favor que el monarca pudiera tumbar las decisiones de la Asamblea. Otro que estaba en contra y que contemplaba la opción del veto suspendido, que impedía al Rey derogar las decisiones de la Asamblea durante una o más legislaturas. Y, por último, un grupo de indecisos. Para facilitar el recuento, a la derecha se colocaron los que estaban a favor del veto real, a la izquierda los que estaban en contra y en el centro los indecisos. (Fuente: www.abc.es)
O sea, que este tipo de tendencias son modernas, mientras que la Biblia –en quién está basado el cristianismo- tiene miles de años.
No pretendo hacer un análisis extenso de historia política o defenestrar tales tipos de pensamientos (aunque no me faltan ganas). Pero sí posicionar a la iglesia cristiana en el lugar que le corresponde. Porque aunque podamos coincidir en algunas características con este tipo de políticas, Dios nunca nos llamó a estar en alguna de estas veredas de pensamiento.
Aunque pienso –en lo personal- que la izquierda es un cáncer para la sociedad, la derecha no dio pasos que la hagan una opción confiable. Las dos han fracasado, las dos han herido a los pueblos, las dos están haciendo desastres en nuestros amados países. ¿Por qué? Porque defienden una línea de pensamiento –que ni siquiera viven- y es solo eso, pensamientos humanos, y al ser humanos, están llenos de defectos.
Vivimos en países basados en la democracia (en otro momento podemos discutir cuánto se la respeta), con gobernantes elegidos por la gente, pero mi forma de vivir debe ser la de un cristiano.
¿Será que Dios quiere que sigamos pensamientos de líderes políticos o nos basemos en lo que la Palabra habla? Romanos 12:2 dice: “No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”.
Daniel y sus amigos vivían en Babilonia pero no actuaban como la gente de Babilonia.
José nunca se “afilió” a las creencias del faraón, pero Judas vendió su libertad por dinero, y se transformó en un corrupto para toda la historia.
Conozco personas que conocen el Evangelio y defienden políticas partidarias. Las congregaciones se han transformado en centros de debate en vez de centros de alabanza. ¡Pero Dios no nos llamó a eso! El plan eterno de Dios para nuestras vidas es más alto y más profundo que lo que piense el presidente de turno.
Por eso, no soy ni de derecha ni de izquierda, simplemente soy un seguidor de Cristo.