Dios es atraído por los que lo buscan y sirven con sinceridad. Aun cuando aparentemente no sea el tiempo, cuando la responsabilidad o el cargo sea de otro. Cuando el Señor note tu integridad, hasta hará cosas nuevas o no habituales para hablarte y llamar tu atención.
Puede que Dios te esté llamando y vayas a lo que conoces como “relacionado con Dios” y digas “acá estoy”. No te sorprendas si llegás a un templo, a una persona o hagas algo “religioso” y sientas que desde ahí nadie te llamó.
Estás en una etapa nueva. Dios está mostrándose como Él realmente es. Está atento, viví con un corazón sincero, mantené siempre tus oídos dispuestos. Aprendé a identificar su voz, que no necesariamente va a ser audible.
Quizás hoy vuelvas a sentir que Dios está llamándote. Mostrale que estás atento e interesado. Decile que sos su siervo, pedile que te hable, que estás dispuesto a escucharlo.
Esta es la cara oculta de la oración que se te está revelando. Oración ya no es solo hablar, orar es dialogar, también es oír. Y Dios… Dios está atraído por tu búsqueda. Y quiere dialogar, quiere hablarte.
“Samuel, que todavía era joven, servía al Señor bajo el cuidado de Elí. En esos tiempos no era común oír palabra del Señor, ni eran frecuentes las visiones.
El Señor llamó a Samuel, y éste respondió:
-Aquí estoy…
-Por tercera vez llamó el Señor a Samuel. Él se levantó y fue adonde estaba Elí.
-Ve y acuéstate —le dijo Elí—. Si alguien vuelve a llamarte, dile: ‘Habla, Señor, que tu siervo escucha’.”
1 Samuel 3:1, 4, 8 y 9. La Biblia.
#ReflexionesEnColectivo