Por Gustavo Marini

En 1983 voté por primera vez con 22 años después de los oscuros años de la dictadura. Me ilusioné con Alfonsín. Recuerdo una de las frases que repetía en sus discursos de campaña “…con la democracia se vive, se come, se educa….“. Treinta y siete años después y habiendo pasado varios gobiernos democráticos la ilusión de esa frase sigue esperando; la brecha de la desigualdad es más grande, la pobreza es más alta, el desempleo sigue el mismo camino, la educación es cada vez peor.
Pero cada nuevo año que comienza se renuevan las esperanzas y los sueños, por lo tanto mis sueños para este nuevo año son con un país con más igualdad, justicia y oportunidades. Entonces sueño con:
Una dirigencia, funcionarios públicos, legisladores, jueces, que sean servidores públicos y no se sirvan de lo público. Que tengan vocación de servicio.
Con empresarios que tengan vocación de crecer sin pisar cabezas, sin privilegios, con conciencia social de ver crecer sus empresas y sus empleados.
Con sindicalistas que sirvan a sus representados, sin creer que los empresarios y la patronal son el enemigo o una vaca a la cual solo hay que exprimirla al máximo, o creer que porque fueron elegidos por sus pares tienen derecho a enriquecerse sin medida.
Con empleados que se sientan parte de la empresa en la cual trabajan, y aporten con su trabajo a la visión de la misma.
Con educadores que sientan que lo que siembran en sus alumnos lo hagan con pasión para el futuro.
Con médicos que sirvan con amor a los que necesitan de su saber.
Con policías que sientan cuidar al pueblo sin abusos del poder que se le delegan.
Con jueces que administren justicia, sin mirar su conveniencia.
Con periodistas que informen buscando los hechos y la verdad sin intencionalidad política.
Pero los sueños, para que se cumplan, necesitan de condimentos, necesitan de determinados valores.
El valor de la entrega, el valor de amor, el valor del servicio, el valor de estudiar, el valor de la honestidad, el valor de la humildad.
Hace algo más de dos mil años nació y vivió el mejor representante de estos valores. Fue Jesús, quien no pretendió privilegios ni poder humano, sino que vino a servir y no ser servido, mostró su amor por el prójimo. Mostró un camino, el del amor, la verdad y la vida que lleva al Padre y Dios Creador.
Que esta Navidad, recordando el nacimiento de Jesús, quien nos mostró el camino, podamos soñar con sembrar estos valores que nos ayuden a cambiar la forma de pensar para cambiar la forma de actuar y así en el 2020 los sueños puedan nacer y ser vividos. Solo así lograremos una sociedad menos desigual, menos pobre y más justa.