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Cuando la crueldad se convierte en entretenimiento: ¿Qué estamos enseñando a nuestros adolescentes?

• octubre 28, 2026

Por Lic. María Valoy

 

Hay casos que nos indignan, pero también deberían obligarnos a reflexionar como sociedad. El caso de bullying ocurrido en Catamarca, que tomó estado público por la difusión de imágenes y relatos de agresiones contra una adolescente, nos enfrenta a una pregunta inquietante: ¿cómo llegamos a naturalizar tanto la crueldad que el sufrimiento de otra persona puede convertirse en motivo de risa y diversión?

El caso de bullying ocurrido en Catamarca, que conmocionó al país tras la viralización de un video en el que una joven relataba burlas y agresiones contra una compañera, expone una realidad que no podemos seguir minimizando. La víctima, de 17 años, habría sufrido hostigamiento durante un viaje de egresados a Bariloche, en un contexto que también incluyó la presunta difusión no consentida de imágenes íntimas.

La Justicia abrió dos investigaciones: en una, tres adolescentes fueron imputados por la presunta producción y distribución de material sexual de una persona menor de edad; en la otra, se investigan los episodios de hostigamiento y sus posibles consecuencias psicológicas. Paralelamente, el Ministerio de Educación de Catamarca inició un sumario administrativo contra el Colegio Privado Pía Didoménico para evaluar su actuación y determinar si corresponden sanciones. Las investigaciones siguen en curso y las imputaciones no equivalen a condenas.

Cuando el sufrimiento ajeno se convierte en espectáculo
Vivimos en una sociedad donde el odio en las redes, la humillación pública y la exposición de la intimidad se multiplican. El hate se comparte, la crueldad genera visualizaciones y muchas veces la violencia se disfraza de humor. El problema no es solamente quien agrede. También debemos preguntarnos qué sucede con quienes observan, se ríen, graban, comparten o permanecen en silencio. ¿En qué momento dejamos de conmovernos ante el dolor del otro? ¿Cuándo empezamos a considerar divertido aquello que destruye emocionalmente a una persona?

La naturalización de la crueldad no ocurre de un día para otro. Se construye cuando la violencia se vuelve cotidiana, cuando la humillación recibe aprobación y cuando el sufrimiento ajeno deja de despertar empatía.

¿Qué están consumiendo nuestros adolescentes? Debemos animarnos a hablar del impacto de los contenidos que consumen nuestros adolescentes en las redes sociales, las series, los videojuegos y las comunidades digitales. La exposición reiterada a contenidos violentos, a la humillación y al desprecio puede insensibilizar frente al sufrimiento ajeno, normalizar la agresión y reforzar modelos de relación basados en el dominio y la desvalorización del otro. Cuando estos mensajes se combinan con la presión grupal y la falta de orientación adulta, el riesgo merece nuestra atención. No podemos ignorar qué modelos de conducta estamos ofreciendo ni qué mensajes reciben nuestros hijos sobre el respeto, la intimidad y la dignidad humana. La empatía se aprende y se cultiva. Si un adolescente aprende que humillar le da popularidad, que exponer a otro genera reconocimiento o que hacer sufrir puede resultar divertido, los adultos tenemos la responsabilidad de intervenir.

La responsabilidad comienza en casa
Ninguna familia está exenta de atravesar una situación de violencia desde alguno de sus lados: tener un hijo víctima, un hijo que agrede o un hijo que presencia el sufrimiento de un compañero. Por eso, no alcanza con pensar que estas cosas les suceden a otras familias. Los adolescentes necesitan adultos presentes, que conozcan sus vínculos, se interesen por lo que viven dentro y fuera de las pantallas, establezcan límites y enseñen a reconocer el daño que pueden causar.

Si nuestro hijo es víctima, necesita protección y escucha. Si ejerce violencia, necesita límites, consecuencias y acompañamiento para responsabilizarse por sus actos. Amar a nuestros hijos no significa justificar todo lo que hacen. También significa enseñarles a reconocer cuándo están lastimando a otra persona. La responsabilidad parental no comienza cuando llega una denuncia o un caso se vuelve viral. Comienza mucho antes, en el ejemplo, en el diálogo y en la educación emocional cotidiana.

La escuela y la sociedad también tienen responsabilidad
Las instituciones educativas deben actuar ante las señales de hostigamiento, proteger a las víctimas e investigar las situaciones denunciadas. La responsabilidad de cada institución debe establecerse a partir de los hechos y las actuaciones correspondientes, pero la prevención no puede depender de que un caso llegue a la Justicia. Necesitamos educación digital, formación en convivencia y herramientas para que las familias y las escuelas puedan detectar e intervenir tempranamente. La respuesta legal es necesaria, pero no alcanza. Debemos trabajar sobre las conductas, los entornos y los mensajes que hacen posible que la violencia se repita.

¿Qué sociedad estamos construyendo?
El caso de Catamarca no debería ser una noticia que consumimos durante unos días y luego olvidamos hasta que aparece una nueva víctima. Cada vez que celebramos una humillación, compartimos una exposición que vulnera la intimidad o justificamos una agresión, contribuimos a crear una sociedad más indiferente al dolor ajeno. No podemos exigir empatía a nuestros adolescentes si los adultos naturalizamos el desprecio, reproducimos discursos de odio y convertimos la crueldad en entretenimiento.

Como profesional de las Ciencias de la Familia, considero que debemos recuperar el valor de la presencia adulta, los límites, el diálogo y la educación emocional. Necesitamos familias comprometidas, instituciones responsables y una sociedad que deje de premiar la crueldad con atención. La pregunta que nos deja Catamarca no es solamente cómo pudo suceder algo así. Es qué estamos haciendo, desde cada uno de nuestros lugares, para evitar que vuelva a suceder. La crueldad se alimenta de aquello que toleramos, de lo que celebramos y de lo que dejamos pasar. La empatía, en cambio, necesita ser enseñada, practicada y defendida.

María Valoy es Licenciada en Ciencias de la Familia
Terapeuta en línea
Contacto 3786-457-457

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