La jerarquía de Messi, que no se cansa de alcanzar y batir récords, más el acompañamiento de un equipo serio, con un Enzo Fernández que cada vez va tomando más la manija, hicieron que la Selección Argentina superara a la complicada Austria. El equipo europeo hacía gala de la estatura de sus jugadores -muy superior a la de los argentinos- y de una potencia que se hizo notar, complicando por tramos al equipo de Scaloni. A pesar del penal errado, el mejor del mundo supo reponerse a tiempo y regalar dos goles magníficos que lo llevaron, aunque sea momentáneamente, a ser el máximo goleador en la historia de los Mundiales.