La calculadora no arruinó la educación. La IA tampoco lo va a hacer.
Redacción Diario PC
Por Maximiliano Domínguez Odriozola
Cuando la calculadora era el enemigo
Hubo una época en la que la calculadora estaba prohibida o se dejaba utilizar, pero a cuentagotas, como si se tratara de una trampa controlada.
Décadas dedicadas a aprender las tablas de memoria parecían temblar ante el monstruo tecnológico. Se decía que los alumnos iban a dejar de pensar, que no iban a aprender matemáticas, que era hacer trampa.
¿Y qué pasó? Nada de eso. La calculadora no reemplazó el pensamiento y la educación sobrevivió.
La máquina sólo reemplazó la cuenta mecánica cuando ya no aportaba aprendizaje. Que yo use la calculadora no va a evitar que tenga que conocer las reglas matemáticas o que tenga que recordar ciertas leyes de la física y demás. Pero algo fue constante. El docente siguió siendo clave: decidió cuándo usarla, cuándo no, y qué evaluar.
La IA es lo mismo… pero en otra escala
La inteligencia artificial hace algo parecido e irrumpe de la misma manera que las guitarras eléctricas y las baterías irrumpieron en una iglesia de los años ‘70, con mucho estruendo y generando mucho miedo en un grupo que estaba cómodo con lo que se hizo siempre.
En este sentido, la IA es lo mismo, pero mucho más potente. Si la calculadora aceleró operaciones, la IA acelera procesos mentales profundos: buscar información, ordenar ideas, comparar enfoques, redactar borradores, explorar alternativas y mucho más.
Eso asusta. Y es lógico, pero el problema no es la herramienta. El problema es no saber qué hacer con ella. Así como el docente fue clave con la irrupción de la calculadora, así debe seguir siéndolo con la IA.
Prohibir no educa. Pero liberar sin reglas ni educación tampoco.
Acá está el punto que me preocupa. Veo dos extremos igual de dañinos: prohibir la IA y mirar para otro lado, o permitirla sin enseñar cómo usarla.
Ambos caminos dejan al alumno solo y, cuando el alumno está solo frente a una herramienta tan potente, lo más probable es que la use para no pensar.
No nos olvidemos de que enseñar contenidos sin enseñar a pensar es igual de catastrófico que no saber nada. Y que el alumno elija no pensar no es culpa de la IA. Es culpa de no hacer el esfuerzo de cambiar o reformar la forma de enseñar y evaluar.
La IA no empeora el aprendizaje: expone consignas pobres
Seamos honestos. Si una consigna se resuelve copiando y pegando una respuesta que la IA da en dos minutos, el problema no es la IA. El problema es la consigna.
Si no la copiaba de la IA, bien pudo haberlo hecho de un buscador de internet, de una enciclopedia o revista. El proceso es el mismo: no se aprende, se copia.
La calculadora nos obligó a cambiar las preguntas. La IA nos está obligando a hacer lo mismo. Y eso, aunque incomode, es una oportunidad enorme.
El miedo frena. El criterio potencia.
No creo que la IA sea magia, creo que es un avance inmenso en la asistencia y la ayuda para obtener más pensando. Es como utilizar una escalera más alta para lograr que cada alumno pueda alcanzar el conocimiento y saber qué hacer con él.
Pero tampoco creo que sea neutral ni perfecta. Es una súper herramienta, pero sigue siendo una herramienta.
El rol del docente no desaparece. Al contrario: se vuelve más importante. Porque alguien tiene que enseñar cuándo usarla, para qué y cuándo no. Eso no lo hace un algoritmo. Lo hace una persona.
Mirar antes no es adivinar, es animarse
No escribo esto porque tenga todas las respuestas, lo hago porque veo que el miedo está frenando discusiones que deberíamos estar dando ya.
Por años he visto —y ustedes también— a personas totalmente capaces de entender el funcionamiento de un celular o una computadora que rechazaron usarlos por miedo o desconocimiento. Esto dejó a ese amplio grupo en inferioridad de condiciones frente a las nuevas generaciones y frente a los pares que sí pasaron esa barrera del temor y se animaron a usar la tecnología.
La educación nunca avanzó desde la prohibición ciega. Avanzó cuando alguien se animó a entender primero y regular después.
La calculadora no arruinó la educación. La IA tampoco lo va a hacer. Pero ignorarla o demonizarla… eso sí puede dejarnos atrás.
(*) Maximiliano Domínguez Odriozola es Profesor, Capacitador, Autor, Game Designer. Especialista en Pensamiento Computacional.

