
Cuando alguien nos cuenta que tuvo un problema, o vemos que se perdió un chico o un abuelo, enseguida somos movidos a orar, a pedir al Señor —aunque sea por un instante— que, si es posible, pueda aparecer. O cuando alguien tuvo un accidente para que salve su vida.
Y esto está bueno. Es lo que tenemos que hacer. Es lo correcto.
Y esto está bueno. Es lo que tenemos que hacer. Es lo correcto.


