
Hay algo que se repite en la historia íntima de las personas: cuando la vida tiembla, miramos hacia arriba, hacia adentro o hacia algún lugar que no se puede tocar con las manos. En medio de una pérdida, una enfermedad, una incertidumbre económica o una angustia inesperada, aparece con fuerza la necesidad de sentido. Buscamos respuestas, consuelo, dirección. Buscamos conexión.

