PASO 2021: Reflexiones sueltas sobre una elección inútil

Está claro que los resultados de los ¿comicios? de ayer, son solo un testeo del ánimo popular en los últimos meses. Ayer nadie ganó nada. A lo sumo, fue un pase a la siguiente ronda para seguir participando.

Política 13/09/2021 Damián Sileo Damián Sileo
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Está claro que los resultados de los ¿comicios? de ayer, son solo un testeo del ánimo popular en los últimos meses. Ayer nadie ganó nada. A lo sumo, fue un pase a la siguiente ronda para seguir participando. Sin embargo, se vieron festejos, mesurados y también eufóricos, de precandidatos que viven con el chip puesto. Un chip que los pone siempre lejos de la realidad social y los transporta, permanentemente, a un mundo en el que solo habitan ellos y sus delirios. 
Esta nota no trata de ser una cronología de sucesos en una jornada en la que el pueblo se expresó, casi a modo de catarsis, dejando varios mensajes en las urnas. Sino de pensamientos y preguntas sueltas. Veremos qué es lo que sale.

“Algo habrán hecho”
Cada espacio político sabrá qué lectura hacer de los resultados de esta gran –y costosa- encuesta. Están quienes se harán cargo de sus irresponsabilidades y están también quienes huirán por la tangente con frases como “algo no hemos hecho bien”. Frase cuidada al extremo y seguramente coacheada de antemano. Cuando lo apropiado hubiese sido un categórico “hemos hechos las cosas mal”, a modo de mea culpa, reconocimiento de errores. Pero, se sabe, hay palabras que no hay que pronunciar para que no queden en el inconsciente colectivo. Recordemos que si algo no se declara, es porque nunca ocurrió. ¿Qué sensaciones pasan por uno cuando se topa permanentemente con una clase política que jamás reconoce abiertamente un error, que deja todo sembrado de dudas como si el votante fuera el culpable, y a la que nunca se le cae una autocrítica?

Memoria frágil
Decíamos al principio que, como tantas veces anteriores, ayer se reflejó en las urnas el “voto castigo”, o “voto bronca”. Ya desde finales de los años ’90, cuando el pueblo estaba cansado de la corrupción del gobierno peronista de Carlos Menem, se empezó a hablar del “voto castigo”. En busca de un cambio de aire, medio país eligió a Fernando de la Rúa como la persona para guiar los destinos de la nación por los siguientes cuatro años. Pero la impericia de “Chupete” hizo que el “voto bronca” se trasladara a las elecciones de medio término y posteriormente, terminara en la catástrofe que muchos recordamos de aquél fatídico diciembre de 2001. Precisamente, las elecciones de medio tiempo fueron una muestra del “voto castigo” al gobierno vigente. Le pasó dos veces a Cristina. Sin embargo, cuando hubo que revalidar los puestos ejecutivos, el votante volvió a apostar a la misma figurita. ¿Qué pasó en esos dos años? ¿La memoria se diluyó? ¿El gobierno mejoró de una manera tan notable que la gente dio vuelta su voto? ¿Qué ocurrió en el electorado para que sea tan pendular a la hora de votar?

No hay que descorchar antes…
Muchos de ustedes, lectores, eran chiquitos. Pero alguna vez, una candidata a intendente de un municipio grande de la provincia de Buenos Aires, estaba tan segura de su triunfo por los datos que le pasaron a boca de urna, que salió a dar un discurso triunfalista que quedó en los anales de la historia de los momentos más ridículos de los políticos argentinos. Es por eso que desde aquél momento y hasta la actualidad, la Justicia Electoral prohibió dar datos a boca de urna, al menos hasta las 18:00 horas, que es cuando se cierran los comicios. Actualmente, el horario se estiró hasta las 21:00 horas, porque dado que aún continuamos con un obsoleto sistema de recuento de votos, hay que esperar unas tres horas para empezar a dar datos a través de los medios de comunicación. No obstante, ayer se vio uno de los grandes papelones en la historia de los “festejos” partidarios. Corría no más de las 19:00 horas cuando la precandidata Victoria Tolosa Paz saliera a bailar –literalmente- y a festejar un triunfo que, finalmente, no fue. Pero el acto no sólo quedó en el ridículo que hicieron, sino en el mal gusto y en la marcada indiferencia al momento duro que está atravesando el país. Había un acuerdo tácito entre los partidos, de que ninguno de los ganadores haría festejos desmesurados, dada la situación y por respeto a los más de 115.000 muertos por covid en el último año. Acuerdo que, evidentemente, un sector del oficialismo olvidó, no tuvo en cuenta o, directamente, no le importó. Como sea, la escena de anoche, difícilmente se olvide. ¿Qué lectura hacemos de este episodio?

Para la opo, también hay
No pretendan que este artículo es solo para pegarle al gobierno, porque para la oposición también hay. Dos años, nomás, pasaron, de la noche en que las urnas despidieron al gobierno de Cambiemos (hoy, Juntos por el Cambio) por la inoperancia que demostraron para resolver los problemas del país. Inoperancia acompañada, también, por casos turbios de dineros que tuvieron rutas inusuales. Pero es evidente que este partido político, si bien nuevo en su conformación, ya sabe aplicar los viejos vicios de la política para llevar agua para su molino. Es así que aprovechan la frágil memoria del electorado para dirigirse a él como si aparecieran de repente y tuvieran a la mano la receta para solucionar los verdaderos problemas de la Argentina. Receta, que al parecer, no aplicaron hace 4 años. Entonces, la pregunta que cabe para el oficialismo, también se nos obliga a formular para la actual oposición. ¿Por qué deberíamos creer que lo que no hicieron antes, por inoperancia, por malicia o por la razón que fuere, lo van a hacer ahora?

Polarización
Por último, cabe un análisis del votante y su miedo a lo desconocido. En estas legislativas, hemos perdido la cuenta de la cantidad de partidos que se presentaron. Muchos de ellos, de reciente aparición, conformando frentes para poder aunar esfuerzos y sacar resultados decorosos. La mayoría no lo logró. Si bien mucha gente está cansada de la clase dirigente actual, tampoco quería volver a la anterior. Algunas encuestas, incluso, daban que un 40% del electorado buscaba otras opciones. Ese número fue un anzuelo para que muchos pre candidatos comenzaran una carrera para ver quién se erigía como la tan deseada tercera fuerza. Lo logró Milei en Capital, por ejemplo, irrumpiendo con su clase tan particular, su desparpajo, vehemencia y, hasta en un punto, falta de respeto a la política tradicional. Vino a convertirse en aquello que tanto odia y se podría decir que es el único que llegó por clamor popular más que por deseo propio. En la provincia de Buenos Aires se posicionó la izquierda como tercera fuerza mientras que la agrupación de Milei le pisa los talones en cuarto lugar.
En otras provincias pasó lo mismo con la izquierda y con alguna que otra agrupación política local. Pero lo cierto es que decenas de partidos que pretendían prenderse en la lucha apuntando a determinados nichos (+Valores, por ejemplo, hacia el ámbito evangélico, Partido Celeste a la comunidad provida, Partido Verde a los amantes del cuidado de la ecología y el medio ambiente, etcétera) terminaron diluyéndose en el montón. Es claro que el dicho “más vale malo conocido que bueno por conocer” es frase de cabecera para un electorado tan extraño que es capaz de tropezar con la misma piedra dos veces. O más…
¿Por qué será que no nos animamos a apostar por nuevas propuestas electorales?

Por Damián Sileo

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