Seamos luz en el cuarto oscuro

Columnistas 12 de noviembre de 2021 Por Damián Sileo
El domingo 14 de noviembre las elecciones son legislativas. Elegiremos a quienes van a presentar las leyes que hagan que vivamos mejor. Mi percepción personal es que solo la mitad de los principales candidatos de las 6 fuerzas que se presentarán, saben para qué están compitiendo. El tema está en saber si nosotros, los votantes, sabemos para qué estamos y qué vamos a elegir.
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El domingo 14 de noviembre las elecciones son legislativas. Elegiremos a quienes van a presentar las leyes que hagan que vivamos mejor. Mi percepción personal es que solo la mitad de los principales candidatos de las 6 fuerzas que se presentarán, saben para qué están compitiendo. El tema está en saber si nosotros, los votantes, sabemos para qué estamos y qué vamos a elegir.
¿Elegiremos entre dos candidatos que cada vez que hablan pareciera que se suben a un ring para ver quien deja knock out al otro y demostrando que no les interesa estar ahí porque es evidente que están pensando en 2023, cuando hoy nos acucian otros problemas urgentes? ¿Elegiremos a quien quiere aplicar ideas y políticas infantiles que fracasaron en todo el mundo? ¿Elegiremos a quien hoy critica a un gobierno del cual fue parte hasta no hace mucho? ¿Elegiremos a quien hace de la soberbia y la confrontación su marca registrada cuando lo que necesitamos es una señal de humildad y diálogo? ¿O elegiremos a quien propone valores incómodos para una clase política y un gobierno signados por la infamia y la corrupción?
De nosotros depende cómo quede conformado el Congreso a partir del 10 de diciembre. Si le vamos a seguir dando mayoría automática al oficialismo para que haga lo que quiera impunemente como lo ha hecho hasta ahora, o a la oposición, para que especule con iniciar una alternancia que no nos va a llevar a ninguna parte. O si nos vamos a animar de una buena vez a tener un Congreso bien colorido y diverso, donde nadie tenga la vaca atada, donde ninguna ley salga en forma automática. Donde todas las leyes tengan que debatirse seriamente. Donde legislador que no da quorum por obediencia a su partido, legislador que es sancionado. Donde haya legisladores que propongan ficha limpia para que dejemos, de una buena vez, de ser gobernados por delincuentes.
Anhelo esa refundación de la República, con candidatos que representen los valores de la vida, la libertad, el bien común, el respeto por la propiedad privada, la honestidad, la transparencia, la familia, el respeto por el que es diferente, la inclusión (la verdadera inclusión) y tantas otras que sabemos de memoria. Pero, por alguna razón que desconozco, seguimos votando a quienes tienen valores opuestos a los que pregonamos. ¿Qué nos pasó todo este tiempo? ¿Qué hizo que estemos tan alienados que cada día hablamos de aquellos valores tradicionales con que fuimos criados por nuestros padres, pero al entrar al cuarto oscuro agarramos la boleta con los nombres de quienes, precisamente, van en contra de esos valores? 
Dios quiera que este domingo se revalide lo que pasó en septiembre y se acentúe más aún. No voy a ir con eufemismos, ya no quiero más el peronismo destructor para mi país. Pero eso no me hace automáticamente macrista. Ese es el juego perverso que proponen ambas partes. Dejemos de caer en él. Votemos a conciencia. Nosotros tal vez no veamos el país que deseamos, pero sí nuestros hijos. 
Por eso, dejemos de votar a aquellos legisladores que sabemos que tienen bajo el brazo leyes que van en contra de esos valores. Decimos siempre que tenemos que ser sal y luz en medio de un mundo insípido y oscuro. Y esa sal y luz no se refleja solamente a través de una buena obra, sino también a la hora de elegir a quienes nos representen. Bueno, llegó el momento de demostrarlo. Así que, este domingo, seamos luz en el cuarto oscuro.

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